y terminé de leer la maravillosa "historia de una trenza" de anne tyler... seguramente porque el verano pasado me gustaron tanto sus "tres días de junio", que me apetecía volver a leerla en verano...
y ha sido un placer leerla... y es que "historia de una trenza" es la historia de una familia no muy bien avenida... o quizás sí... es curioso... depende de a quién preguntes...
anne tyler nos va contando momentos puntuales, el viaje de una de las nietas a conocer a la familia de su novio... un verano cuando los hijos eran pequeños... el momento en el que el hijo se fue a la universidad y su madre de casa aunque no del todo... cuando la hija mediana, que estaba ya casada, se quedó embarazada de un compañero de trabajo, casado también pero con otra... cuando el hijo presentó a la que después sería su mujer a toda la familia... el cincuenta aniversario de los padres... la pandemia...
una maravilla...
y después de la historia de una trenza, me leí "física de la tristeza" de gueorgui gospodínov... al que quería volver a leer desde que me leí su "el jardinero y la muerte"...
y si el del jardinero y la muerte me encantó, este de la física de la tristeza me ha requeteencantado...
y es que en la física de la tristeza, gospodínov va mezclando su historia con la de su abuelo (que se llamaba como él) y la de su padre y la del minotauro... sus recuerdos y los recuerdos que toma prestados, que siente y que inventa y que se van repitiendo... mezclándose como motivos musicales distintos, que se van desarrollando a retazos... como los distintos sótanos: el sótano en el que está encerrado el minotauro, los sótanos en los que estuvo escondido su abuelo, los sótanos en los que vivió su padre y el sótano (el mismo de sus recuerdos) al que vuelve el autor... retazos... como un ensayo hecho de ensayos cortos que se van entremezclando... que me ha encantado...
me ha encantado, por ejemplo, cuando hablando del funeral de su abuelo, cuenta:
"Vino a despedirlo mucha gente. Seguramente se habría sentido turbado de haberlo visto. Los hijos y las hijas de sus siete hermanas llegaban de todas partes, depositaban alguna triste flor de invierno junto a su cabeza y le dejaban encargos para el más allá Por estos lares el difunto es algo parecido a un correo exprés. En fin, tío, dale saludos de mi parte a mamá cuando la veas. Dile que estamos bien, que la pequeña Dana está a punto de graduarse con todo sobresalientes. Dime también que si otra nieta se marchó a Italia. De momento solo friega platos, pero no hay que perder la fe. Pues nada, tío, que tengas buen viaje. A continuación el sobrino que le ha dado estas instrucciones besa la mano del difunto y se retira. Al cabo de un rato vuelve otra vez, pide disculpas, se le olvidó comentarle que vendieron la casa del pueblo, pero la compró buena gente, de lejos, de Inglaterra. Bueno, adiós otra vez y bien viaje. En estas tierras del sudeste la gente no dice «que en paz descanse» o «que Dios lo tenga en su gloria»... Tan solo desean buen viaje. Buen viaje."
o cuando explica que:
"La abuela sabía que no tenía que hablar delante de la gente de estas cosas, que debía proteger a mi padre y que de otro modo podría meterlo en problemas. Mi padre sabía que no tenía que hablar de otras cosas y se encerraba con la radio dentro de la cocina, no fuera a arruinarme la vida (eso decía mi madre). Yo sabía que no tenía que hablar de nada que hubiera escuchado en casa, no fuera a ser que viniera la milicia y les arruinara yo la vida a ellos. Una larga cadena de secretos y mentiras que hacía de nosotros una familia normal. Como todas las demás. Este era el mejor truco de la conspiración: ser como todos los demás."
copié también una cita que dice:
"Los investigadores afirman que el ejercicio consciente de la empatía, en el que se incluye la lectura de novelas (véase S. Keen), facilita de manera importante la comunicación y nos salvará de posibles cataclismos futuros en el mundo.
Revista de Sociedad y Córtex"
y ya para acabar me encantó cuando dice que:
"En El libro de la almohada, de Sei Shōnagon, hay dos listas: «Cosas que parecen despertar la tristeza» y «Cosas que ahuyentan la tristeza». Entre las cosas que ahuyentan la tristeza a inicios del siglo xi, en el período Heian, se encuentran las viejas narraciones y el tierno balbuceo de los niños de tres o cuatro años."
y ahora me estoy releyendo "el libro de la almohada" de sei shonagon... claro...