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sobre el tiempo recobrado...

martes y te escribo desde el despacho...

y admito que llevo un rato rebuscándome las palabras porque contarte como he vuelto a recobrar el tiempo, no es fácil... y no sé como voy a hacerlo... 

y es que terminé hace unos días de releer en busca del tiempo perdido de proust... un año después de retomar ese camino de swann, que sabía que inevitablemente me llevaría a este tiempo recobrado, que es el séptimo tomo de esta busqueda de proust, que si ya me encantó hace diez años, cuando la leí por primera vez, esta segunda vez me ha dado algo más que la primera...



una imagen ofrecida por la vida que nos traiga en realidad, en ese momento, sensaciones múltiples y diferentes. por ejemplo, la vista de la cubierta de un libro ya leído ha tejido en los caracteres de su título los rayos de luna de una lejana noche de verano. el gusto del café con leche matinal nos trae esa vaga esperanza de un buen tiempo que tantas veces nos sonriera antaño, en la clara incertidumbre del amanecer, mientras lo tomábamos en un tazón de porcelana blanca, cremosa y plisada que parecía leche endurecida, cuando el día estaba aún intacto y entero. una hora no es sólo una hora, es un vaso lleno de perfumes, de sonidos, de proyectos y de climas.

marcel proust (el tiempo recobrado)


creo que ya lo conté una vez, pero la primera vez que leí esta obra impresionante, no llegué a entenderla del todo, hasta este séptimo tomo... me gustó pasear por el camino de swann, y conocer a las muchachas en flor; me estanqué en el mundo de guermantes y en sódoma y gomorra; retomé el ritmo con la prisionera y la fugitiva (albertine disparue); pero no fue hasta el séptimo tomo, hasta ese momento mágico en la biblioteca de los guermantes, en la antesala de esa fiesta que nos cuenta como pasa el tiempo, y lo más importante: la manera de recuperarlo; cuando comprendí la grandeza real de lo que llevaba varios años leyendo... no fue hasta ese momento (pese a las famosas magdalenas que ya aparecen en el camino de swann), cuando de verdad entendí lo que me había estado contando proust, y hacia donde quería llevarme...

por eso sabía, desde el mismo momento en que cerré el libro hará casi diez años (la madrugada de una noche de fin de año), que volvería a buscar ese tiempo perdido, con el único fin de recobrarlo... porque sólo había entendido lo que proust me estaba contando al final del séptimo tomo, y por eso tenía que volver a buscar ese tiempo, ahora ya sabiendo, lo que en realidad proust estaba haciendo... y, además, disfrutando del paisaje, porque si algo bueno tienen las relecturas (lo he dicho ya demasiadas veces, pero me vas a permitir que lo repita) es que como ya sabes a donde vas, puedes fijarte en los detalles... y si algo tiene en busca del tiempo perdido, en su conjunto, son detalles...

y dice proust que "gracias al arte, en vez de ver un solo mundo, el nuestro, lo vemos multiplicarse, y tenemos a nuestra disposición tantos mundos como artistas originales hay"... y yo añado, que gracias a proust, tenemos varios mundos más de los que disfrutar...

y sé que volveré a buscar el tiempo perdido, una vez más... quizás dentro de otros diez años... quizás antes... porque hay libros a los que no podemos dejar de volver... libros de los que para salir (y después de un año buscando el tiempo perdido, no ha sido nada fácil salir de entre sus páginas... y me he vuelto a sorprender a mí misma, bajando el ritmo... leyendo más despacio... intentando alargar la inevitable despedida), tenemos que prometernos volver a ellos...



en realidad, cada lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo. la obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir lo que, sin ese libro, no hubiera podido ver en sí mismo.

marcel proust (el tiempo recobrado)


y si eso es cierto, no puedo menos que darle a proust las gracias por esa especie de instrumento óptico, porque me ha devuelto la manera de recobrar el tiempo... y me ha recordado cosas que últimamente se me habían olvidado de mí misma... y que intentaré no olvidar...

por suerte, si las olvido; si olvido como recobrar ese tiempo perdido, sé que podré volver a buscarlo, una vez más, y recobrarlo al final...


sobre la fugitiva (o albertina desaparecida...)

«mademoiselle albertina se ha marchado!» qué lejos va el dolor en psicología! más lejos que la psicología misma. hace un momento, analizándome, creía que esta separación sin habernos visto era precisamente lo que yo deseaba, y, comparando los pobres goces que albertina me ofrecía con los espléndidos deseos que me impedía realizar (y que, en la seguridad de su presencia en mi casa, presión de mi atmósfera moral, ocupaban mi alma en primer plano, pero que, a la primera noticia de que se había marchado, ni siquiera podían enfrentarse con ella, pues se esfumaron inmediatamente), había llegado, muy sutil, a la conclusión de que no quería volver a verla, de que ya no la amaba. pero aquellas palabras -«mademoiselle albertina se ha marchado»- acababan de herirme con un dolor tan grande que no podría, pensaba, resistirlo mucho tiempo

marcel proust (la fugitiva. en busca del tiempo perdido)


y así es como empieza proust esta sexta parte de en busca del tiempo perdido... la fugitiva (aunque siempre me ha gustado más eso de albertina desaparecida), igual que termina la prisionera... con la noticia de que albertina se ha ido...

y es que es cierto eso que dicen de que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque podría hacerse realidad y la realidad podría no ser como esperamos... y es que aunque el narrador se planteaba abandonar a albertina, incluso que sería más fácil si ella le abandonase a él... cuando su deseo se realiza, se da cuenta de cuanto la quiere...

si albertina vuelve?... eso no te lo puedo contar...

sí que es cierto que otro de los deseos se cumple, y es peor aún que el primero, ya que el dolor que causa, es infinitamente superior al primero...

y proust seguirá con sus dudas, con sus disgresiones sobre la memoria y el amor... memoria y amor que en esta sexta parte adquieren más importancia aún que en las cinco entregas anteriores...

y te repito que releer a proust está siendo algo más maravilloso que leerlo por primera vez... y que aunque aún no he terminado esta busqueda del tiempo perdido (me queda recobrar el tiempo en la séptima y última parte) ya sé que volveré a releer a proust... lo que no me atrevo a adivinar es cuantas veces más...

y ahora corto y cierro, que es miércoles y te escribo desde el despacho pero creo que debería subirme a casa a tomarme algo para la migraña y a empezar a preparar la cena de esta noche... que treinta personas a cenar son demasiadas y aún no hemos preparado nada...

sobre la prisionera de proust (o mi manera de conjurar mis fantasmas...)

jueves (aunque yo hoy creía que era viernes, y no veas el disgusto que me he llevado al darme cuenta de mi error) y te escribo desde el despacho... con la caja por hacer, el correo abierto y entregado, un par de presupuesto pasados, la seguridad social bajo control (poquet a poquet el manual de uso va tomando forma y ya no voy tan perdida como el trimestre pasado), y esta extraña sensación de que olvido algo...


jueves, y yo venía a contarte que sigo leyendo la recherche de proust, y que hace unos días estuve leyendo la quinta parte: la prisionera...

  


muy de mañana, mirando todavía a la pared y sin haber visto aún el matiz de la raya del día sobre las grandes cortinas de la ventana, sabía ya qué tiempo hacía. me lo decían los primeros ruidos de la calle, según llegaran amortiguados y desviados por la humedad o vibrantes como flechas en el aire resonante y vacío de una mañana espaciosa, glacial y pura; en el paso del primer tranvía notaba yo si rodaba aterido en la lluvia o iba camino del azur.

marcel proust (la prisionera)


y te lo cuento pese al dato que me ha dado a conocer una de mis amigas (y que las otras dos confirmaron con sendos movimientos de cabeza), la última vez que quedamos todas a cenar... y es que al parecer (siempre según esta amiga y la confirmación de las otras dos), soy una friki (o frikie o friky, sigo sin saber como se escribe esta palabra) por leer a proust...

...

y si en teoría soy una friki por leer a proust, me pregunto qué soy si lo que hago en realidad en este momento es releerlo...

en fin... ya sabes que no suelo hablar de literatura en general, aun que no deja de ser curioso como algo que hago a diario, algo que ocupa varias horas en mis días, como esa valvula de escape que me ayuda a sobrevivir (estoy convencida) a mis días laborables y a sus grises rutinas, no es que sea un secreto, pero no suelo hablar de ello... 

aquí sí... cierto... desde que abrí este blog hace años, he hablado de libros casi a diario, pero en mi día a día no es así... leo, claro, a veces un poco más, a veces un poco menos, dependiendo del libro que tenga entre las manos y lo atrapada que me tenga, y de como vengan los días, y de las fuerzas que tenga... leo cada día desde hace tantos años que no recuerdo cuantos... incluso en días imposibles, de esos en los que no tienes tiempo, de esos que por un motivo u otro pasas fuera de casa el día entero; incluso en esos días, soy incapaz de irme a dormir sin haber leído al menos diez paginillas del libro que ande leyendo...

pero no hablo de ello...

mi familia sabe que leo, y mis amigos también, pero lo que leo, no lo suelen saber... y es que como te decía no suelo hablar de ello en general... es un tema que no suelo tocar... seguramente por motivos como éste... porque en una conversación casual dije que estaba leyendo a proust y la reacción fue totalmente inesperada... me llamaron friki (con cariño, claro) y se rieron de mí (quiero pensar que con cariño también, porque son mis amigas y me quieren) y eso me devolvió esa sensación tan conocida desde que era jovencita de estar fuera de lugar; de ser rara (que no es lo mismo que especial) y de que hay ciertos temas de los que yo no debería hablar...


pero te diré (aquí puedo hacerlo) que me encanta releer a proust, que me ha encantado volver a leer esa parte de la recherche en la que albertina está prisionera mientras el narrador intenta dejarla sin poder hacerlo... me ha encantado volver a casa de madame verdurin, volver a escuchar la sonata de vinteuil, y ese concierto póstumo que le habla al protagonista como la frasecilla de la sonata le habló en su momento a swann... esas dudas, esos celos, esos recuerdos que van y vienen y que son capaces de cambiar la realidad en apenas un par de segundos...

y es que, como dice proust: "la realidad no es más que un incentivo para una meta desconocida en cuyo camino no podemos llegar muy lejos"... y a veces esa realidad no es sufiente... a veces otras realidades, nos ayudan a soportar los grises de la nuestra... a veces las historias de otros nos ayudan a seguir respirando cuando todo lo demás se nos escapa de las manos...


y antes de cortar y cerrar este post demasiado largo, tiro mano de las palabras de ana maría matute (cuya desaparación ayer, me llenó de pena), que hablando de lecturas en uno de los cuentos de la puerta de la luna, hablaba de "aquella otra historia, la mejor, la que ella desprendía de lo leído y después, y durante, y luego, aparecía entre las páginas pasadas deprisa, en abanico. una historia que quizá no estaba escrita allí, pero "estaba ahí"."

porque te voy a contar un secreto que creo que ya conoces, y es que conozco esa otra historia (esas otras historias) que está ahí, aunque no exactamente... eso que sacas de cada lectura... eso que te quedas casi sin darte cuenta... porque yo sonrío cada vez que veo una magdalena y no puedo evitar pensar que de una taza de té pueden salir muchas cosas... igual que me sonrío cada mañana en el espejo por el simple hecho de no apretar por abajo el tubo de dentífrico... igual que me repito muchas veces sin darme cuenta esos versos que me recuerdan que "no es noche esta para ahogarse"...

y sí, puede que sea rara... pero la verdad, es que estoy encantada...

sobre sodoma y gomorra según proust...

martes y te escribo desde el despacho... con la caja por hacer, el correo abierto, impreso y entregado... y ya he pedido unos informes y he pasado una hora en la caja (con lo poco que me gusta a mí estar en caja), y ya tengo el primer trimestre definitivamente cerrado, y unas cuantas facturas ya de abril, encima de mi mesa, para ir sentándolas cuando pueda... y además hoy facturamos, y en estos quince días no se me ha ocurrido ir recogiendo y ordenando los albaranes de los clientes, claro que bastante tenía con lo que tenía, intentando cerrar marzo y con él, el trimestre, como para recordar rutinas que no eran mías, pero que por fuerza tendré que ir adquiriendo si quiero sobrevivir a esto y no morir (o que me dé un cruce de cables) en el intento...


martes y el caso es que yo hoy venía a contarte que sigo releyendo la recherche de proust, y que hace un par de semanas releí la cuarta parte: sodoma y gomorra...

  


mucho antes de hacer a los duques la visita que acabo de contar (el día de la fiesta de la princesa de guermantes) estuve al cuidado de su regreso y, en la espera, hice un descubrimiento especialmente relacionado con monsieur de charlus, pero tan importante en sí mismo que he ido aplazando su relato hasta ahora, hasta el momento de poder darle el lugar y la extensión que quería darle.

marcel proust (sodoma y gomorra)


y así empieza proust esta cuarta parte de su busqueda del tiempo perdido... casi como si no hubiera descanso entre el tercer volumen y este cuarto... y admito que ese empezar así me encantó...

y lo que el narrador descubre de monsieur charlus (personaje con el que me está pasando algo muy parecido a lo que me pasó la primera vez que leí esta obra... y es que mis sentimientos por él van cambiando, poco a poco, a medida que avanza la historia...), no sólo va a cambiar la percepción que el narrador tiene de él, sino, quizás su visión del mundo... cosa que le torturará... pobre... como no podía ser de otra manera...

porque, como el mismo proust dice en las páginas de esta sodoma y gomorra, a las perturbaciones de la memoria están ligadas las intermitencias del corazón... y esas perturbaciones e intermitencias de la memoria y del corazón, nos hacen ser felices o no serlo, en cuestión de segundos... porque los recuerdos son caprichosos y vienen sin avisar, y son capaces, tanto de hacernos sonreír en los malos tiempos, como de ensombrecer nuestras alegrías, como esas nubes negras que no vemos venir, hasta que han cubierto todo el cielo y la lluvia cae sin remedio...

desvarío... lo sé... pero es lo que tiene leer a proust... que una tiende a divagar sin remedio...

así que antes de cortar y cerrar te repetiré por enésima vez que este volver a buscar el tiempo perdido con proust me está encantando más que la primera vez... que releer a proust está siendo una maravilla maravillosa... por lo que ya te he dicho en varias ocasiones, pero que repito una vez más... porque en esta ocasión disfruto del paisaje, porque me fijo en los detalles que la primera vez se me escaparon... y porque ha sido una maravilla volver a la fiesta de la princesa de guermantes, y volver otra vez a balbec...


y ahora corto y cierro, que como el jefe se ha ido, el otro jefe se cree en la obligación de darme faena (como si tuviera poca) y me ha pedido que le busque una reparación que nos reclaman... porque al parecer en este despacho hay cajones mágicos que sólo yo tengo el poder de abrir... porque por mucho que le he dicho donde podía mirarlo, me ha dicho que no hay prisa, y que se lo mire yo cuando buenamente pueda...

y además, acabo de descubrir que también debo de ser la única que tiene el poder de hacer que el teléfono funcione... porque uno de mis compañeros me ha traído una consulta que hay que hacer... y claro, marcar un numerito de teléfono, no es tan fácil como podría parecer...

lo dicho: si esto sigue así, o no sobrevivo, o me da cruce... corto y cierro...

sobre como unas lecturas te vuelven a llevar a otras...

viernes y te escribo desde la caja...

y tengo la caja por hacer y el correo a medio abrir, y esta sensación de que alguien le ha dado al pause y que por eso estamos todos un poco descentrados...

y tengo migraña, lo que entre el día y las circunstancias no me tendría que extrañar... y la verdad es que extrañarme no me extraña, pero me molesta, para que lo voy a negar...

viernes, y quizás debería intentar hablarte de las cartas de madame de sévigné editadas antes de que mis padres nacieran por la editorial aguilar en aquellos compactos que tanto me gustan, y que no fue fácil encontrar... quizás debería decirte que volvió a ser culpa de proust que las buscara (como culpa suya fue que las buscase aquella primera vez en la que encontré las cartas a su hija, de las que creo que ya hablé hace años por estos lares...), o de la abuela de proust, que era en realidad la que las leía siempre que podía...

las cartas de madame de sévigné que se vinieron conmigo el día de los museos (es que estos libros pequeñitos son ideales para llevarlos en el bolso) y leí la mayoría de las cartas en el tren (uno de los lugares en los que mejor se lee...)

cartas a monsier pomponne, al conde de bussy y sobretodo a madame de grignan, su hija... cartas en las que habla de los sucesos que vivió, de la vida en la corte, de como echa de menos a su hija y de sus amigos: monsieur de la rochefoucauld y madame de la fayette...

una maravilla, estas cartas en las que he vuelto a encontrar ese humor tan de ella, que me hacía sonreír al leerla...

y antes de cortar y cerrar, te dejo una de las citas que me he llevado de esta lectura... quizás porque ayer me enteré de un regalo que alguien me ha estado haciendo (o ha estado haciendole a otros por mí, la verdad es que no lo sé...), que me hizo llorar cuando me quedé sola... porque hay cosas que una no se puede imaginar... porque hay gestos inolvidables, para los que sabemos que no encontraremos palabras de agradecimiento...


siempre se debe tener en cuenta la intención y, con arreglo a ella, dar las pruebas de agradecimiento.

madame de sévigné 


corto y cierro...

sobre el mundo de guermantes...

viernes (aunque el jefe creía que era sábado) y te escribo desde el despacho...
viernes y ya tengo la caja hecha, los problemas técnicos solucionados (porque la primera remesa del sepa ese maldito, se complicó, y primero no quería ser impresa, y después el banco no la quería, y tuve que mandarle el archivo al informático y me dijo que me faltaba un bic (no sé si el que escribe fino o el que escribe normal), y después (cuando conseguí el bic dichoso) tampoco estaba bien del todo así que se la volví a enviar por mail y el me la devolvió retocada, y de momento el banco la ha aceptado, pero hasta el lunes no sabré si hemos llegado a buen puerto.... 

(y me he tenido que ir porque ha venido el persianero... y es que se me había olvidado contarte que en esta semana horrible donde las haya, además de de otras desventuras, se me ha roto la persiana del salón, y me acaba de decir el persianero que habrá que cambiarla... un gasto con el que, por cierto, no contaba...)


el caso es que yo hoy venía a hablarte del mundo de guermantes, la tercera parte de esa busqueda del tiempo perdido de proust que ando releyéndome desde el año pasado... 



el piar matinal de los pájaros le parecía insípido a francisca. cada palabra de las chicas la hacía sobresaltarse; molesta por todos sus pasos, interrogábase a cuenta de ellos; es que nos habíamos mudado de casa.

marcel proust (el mundo de guermantes)


y así es como proust empieza esta tercera parte... contandonos que se han mudado... y no a cualquier parte, no... se han mudado al hotel de los guermantes... 

y como dice simone de beauvoir en la cita que he colgado hoy en mi pequeño palacio: "proust era distinto. las frases que se conocía de memoria, las esperaba y las redescubría con la misma dicha con que el narrador volvía a escuchar la pequeña frase de vinteuil"... 

y es que he de decirte que esta tercera parte la he disfrutado más ahora que hace años... seguramente porque lo que antes me impacientaba (esas disgresiones de proust, sobre las reuniones sociales, las conversaciones triviales, ese volver al pasado por un sonido, o por un paisaje, o por un simple nombre que evoca cosas que nada tienen que ver en realidad con él, como el nombre de guermantes), ahora es precisamente lo que más me gusta... quizás porque hace años quería saber lo que iba a pasar con albertine, con la duquesa de guermantes, con saint-loup, y su tío charlus, con el falso señor norpois y los progresos en sociedad del narrador, y esas disgresiones que son lo más maravilloso que tiene el libro, me ponían tan nerviosa, que no era capaz de apreciarlas...

ahora ya sé lo que va a pasar con albertine, con la duquesa de guermantes y con los demás... ahora sé (después del final del tiempo recobrado) de qué me está hablando proust realmente, y quizás por eso es ahora cuando disfruto de las letras de proust como no podía en aquella primera lectura...

y antes de cortar y cerrar (que el persianero debe de estar a punto de volver para instalarme la persiana) me vas a dejar que te copie otra cita de este mundo de guermantes... porque por culpa de proust (y de su abuela) he vuelto a buscar a madame de sévigné... y porque hace unos días (el miércoles) fue el aniversario de su nacimiento... una cita de cuando la abuela del protagonista está ya enferma...




de nada servía que nos contestase con la carta de madama sévigné a propósito de madama de la fayette: "decían que estaba loca porque no quería salir. yo les decía a esas personas tan precipitadas en su juicio: madama de la fayette no está loca, y a eso me atenía. ha sido preciso que haya muerto para hacer ver que tenía razón en no salir".

marcel proust (el mundo de guermantes)


 corto y cierro...

sobre dónde reside la memoria (o a la sombra de las muchachas en flor de proust...)

miércoles (aunque yo llevo toda la mañana con la absurda idea de que es martes otra vez) y te escribo desde el despacho...


miércoles y yo ya tengo la caja hecha, el correo abierto, impreso y entregado; he metido dos albaranes, y he sacado los correspondientes pedidos especiales; e incluso he hecho una factura, con su recibo y sus notas de envío...


miércoles y ayer la tarde fue de todo menos tranquila... y es que como era diez de diciembre (y ya sabes lo maniática que soy con los días de hacer ciertas cosas) me empeñé en cerrar el mes de noviembre, y pasé la tarde sentando facturas del mes pasado... suplicando al jefe que revisara un par que me faltaban y que estaban en el primer cajón esperando su revisión (y es que yo hasta que no pasan al segundo cajón no puedo cogerlas)... y una vez sentadas las facturas, estuve anotando vencimientos y haciendo talones (que por cierto aquí siguen sin firmar; y es en momentos como éste en los que una chica como yo se pregunta para que tantas prisas, si al final una tiene que esperar para terminar...)





en fin... miércoles y yo hoy venía a contarte que sigo con mi idea de releer la recherche de proust, y que hace unos días estuve releyendo la segunda parte de en busca del tiempo perdido: a la sombra de las muchachas en flor... y que me reencantó...


me reencantó... porque como te he dicho ya en alguna ocasión, las relecturas tienen un algo que con proust alcanza cotas insospechadas... porque cambia el ritmo... porque esperas las palabras... y porque por ciertos detalles que anticipan hechos que sabemos que pasarán, admito que he alucinado con la estructura monumetal de esta historia... porque aunque la primera vez que la leí me pudo parecer que proust de alguna manera divagaba (y que ahí residía parte de la magia), esta vez me doy perfecta cuenta de que proust sabe adonde va y como quiere llegar... no me sé explicar... lo único que sé es que si ya te dije hace años que esta obra me parecía increible, la relectura no sólo hace que me reafirme en aquella afirmación, sino que la duplique, al darme cuenta por los pequeños detalles de lo grande que es proust...


un proust que al parecer no tenía tan claro su talento, ya que en un momento dado de esta segunda parte dice que:






al cabo de unas páginas preliminares se me caía la pluma de la mano, de aburrimiento, y lloraba de rabia al pensar que nunca tendría talento, que carecía de aptitudes

marcel proust (a la sombra de las muchachas en flor)





una maravilla... tal maravilla que no encuentro palabras para explicarte lo que esta relectura está significando para mí... así que como creo firmemente en la santa casualidad me vas a dejar que te cite las palabras que encontré en el libro de simone de beauvoir que me leí justo después de este (y del que sino pasa nada te hablaré mañana) en el que la beauvoir habla de proust: "proust era distinto. las frases que se conocía de memoria, las esperaba y las redescubría con la misma dicha con que el narrador volvía a escuchar la pequeña frase de vinteuil."





y antes de cortar y cerrar me vas a dejar que vuelva a citar a proust... una cita sobre dónde reside la memoria, escrita de esa manera en la que sólo él es capaz de hablar de ese tema...






porque la mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en una brisa húmeda de lluvia, en el olor a cerrado de un cuarto o en el perfume de una primera llamarada: allí donde quiera que encontremos esa parte de nosotros mismos de que no dispuso, que desdeñó nuestra inteligencia, esa postrera reserva del pasado, la mejor, la que nos hace llorar una vez más cuando parecía agotado todo el llanto. fuera de nosotros? no, en nosotros, por mejor decir; pero oculta a nuestras propias miradas, sumida en un olvido más o menos hondo. y gracias a ese olvido podemos de vez en cuando encontrarnos con el ser que fuimos y situarnos frente a las cosas lo mismo que él

marcel proust (a la sombra de las muchachas en flor)





una brisa húmeda de lluvia, el olor a cerrado de un cuarto, el perfume de una primera llamarada... magdalenas en el té...


una ma-ra-vi-lla...





y ahora corto y cierro, que tengo que ir a hablar con la jefa a ver hoy que comemos...





pd. prefiero no decir nada ni de ese periódico que cree que lo que mejor define a mandela es que consiguió llevar a sudáfrica el mundial que ganó la selección (esa que decidió cobrar allí la prima correspondiente para pagar menos impuestos); ni de ese presidente del gobierno al que lo único que se le ocurre decir del funeral es que es muy emocionante al celebrarse en el estadio en el que la selección jugó la final... pero te diré que estas cosas me generan serias dudas existenciales y un poco de angustia...


medir el mundo

sabes cuando aun creíamos que eramos intelectuales? cuando nos creíamos esa palabra y no nos daba la risa? cuando nos gustaba beber botella tras botella de vino sentados en el salón en invierno, hablando de literatura?
hacía tiempo que no pensaba en aquellos tiempos, en aquellas conversaciones que hoy carecen de sentido, quizás porque entonces creíamos que eramos ya mayores y ahora sabemos que lo somos, quizás porque entonces aun no había niños ni hipotecas y nuestras teorias sobre el arte y la literatura aun parecían lo mas importante en esta vida.
recuerdo una conversación muy seria, discutiendo sobre que dividía realmente el mundo. dentro de todas las divisiones que en el mundo caben, alguien dijo que el mundo se podía dividir entre los que habían leído la recherche de proust y los que no... ya sabes, que si alguien entiende lo que significa mojar las magdalenas en el té está a un lado y si no lo entiende, está en el otro. pero alguien dijo que no, que lo que realmente dividía el mundo era quien se había leído el ulises de joyce y quien no, alguien dijo que realmente era algo mas complejo porque medir el mundo según el ulises incluía tres categorías, los que lo han leído, los que no y los que lo empezaron y no pasaron de la página veinte... aquella conversación se alargó hasta las cinco de la madrugada...
parecía todo tan fácil cuando podíamos pasar noches enteras así, creyendo que de verdad dos libros podían darnos una visión completa del mundo...

sigo buscando

hace un año, en nochevieja no salí. yo que soy toda una festera, que me apunto a un bombardeo... me quedé en casa durmiendo.
por una serie de malos entendidos, conforme se acercaba nochevieja yo me iba enfandando mas y mas, así que el último día del año amanecí con una migraña de esas que no te dejan ni pensar, y me pase el día entre la cama y el sofá. no me comí ni las doce uvas.
lo bueno es que me dio la tarde para preparar el caldo de pescado, y a la mañana siguiente, fresca como una rosa, preparé un arrocito a la marinera para mi familia... delicioso.
a lo que voy, que me estoy liando. hace un año estaba yo, migrañosa perdida y en la cama cuando el resto del pais se tomaba las doce uvas, y a eso de las doce y media... me acordé de proust! no, no estaba delirando, estaba leyendo "en busca del tiempo perdido", de hecho llevaba unos tres años con ese maravilloso libro (con mis infidelidades y mis descansos, claro). me quedaban apenas cincuenta páginas para terminar y llevaba una semana sin leerlo porque no lo quería terminar.
así que despues de dar unas doscientas vueltas en la cama, me levanté y me fui al salón con la intención de terminarlo. y lo terminé, y lloré al terminarlo, no porque el final sea triste, que si nostálgico, sino porque al terminar sentí que me despedía de proust y de todos sus personajes que formaban parte de mi vida desde hacía tres años.
sé que suena ridículo, pero a la mañana siguiente, sola en mi cocina, me preparé un té, y mojé en él una magdalena pensando en proust, en albertina, en swann, en odette, en gilberta, en saintloup, en el tio charles, en la señora verdurin, en los guermantes... en fin. sigo buscando ese momento de inspiración que proust describe en la última parte de su libro.
feliz año a todos, y os deseo que encontreis ese momento de inspiración.
besos.

magdalenas en el te

Hace ya algún tiempo que me leí "Amrita" de Banana Yoshimoto y hoy no sé porque me he acordado.
A Banana la descubrí en un viaje a Italia, en el aeropuerto tenían todos sus libros en las novedades, asi que me compré "Kitchen" y me enamoré de ella y de su estilo.
Asi que he ido comprando todo lo que han traducido de ella al español y algunos de sus libros en italiano.
Volviendo a "Amrita", es curioso lo que te queda de un libro al final. La historia me gustó por lo complicada y rara que es. Sakumi pierde a su hermana, pierde la memoria y se enamora del novio de su hermana muerta... Por no hablar de la casa llena de gente, del hermano pequeño y de su sensibilidad especial o del viaje a la playa y de los amigos que cantan. Es una historia increible, pero como todas las de Banana, de una verosimilitud asombrosa. Consigue que lo imposible te parezca de lo ams creible, incluso natural.
En fin, que el libro está muy bien, se lo recomiendo a todo el mundo, pero lo que mas me chocó, lo que permanece en mi recuerdo despues de mucho tiempo, es el mojar magdalenas en el té. Es solo una frase, dejada caer como por descuido, un guiño a quienes se han leido "La Recherche" de Proust, que en ese momento te hace sonreir y te reconforta, como cuando alguien te habla con familiaridad de un viejo amigo del que hace tiempo que no sabías nada.
En fin, quien no ha desayunado alguna vez mojando las magdalenas en el té, pensando en Proust y en Albertina despues de leer el libro.
Os dejo que tengo que volver a mi página web, la del trabajo...