miércoles, 11 de marzo de 2026

y terminé de leerme el libro de gisèle pelicot, "un himno a la vida", y aunque admito que de inicio el título no me encajó, es perfecto...

gisèle pelicot, famosa a su pesar por ser violada y drogada por su marido para que otros hombres la violaran, ha escrito un himno a la vida, su vida, que nos va contando en capítulos alternos junto con el presente que estaba viviendo desde que la policía le contó lo que su marido había hecho hasta que terminó el juicio...

gisèle nos cuenta su infancia y su juventud, su noviazgo con el señor pelicot, la falta de señales, sus maternidades, la felicidad de ser abuela, y la preocupación por su salud de los últimos años que vivió junto a su marido, cuando las pérdidas de memoria y los dolores la hacían pensar en demencia y en tumores... en realidad eran drogas, pero cómo iba ella a pensar que el hombre con el que llevaba cincuenta años casada, el padre de sus tres hijos, el abuelo de sus nietos, la estaba drogando en altas dosis para que un montón de desconocidos la violaran por las noches...

y el escalofrío es cómo?... no como ella no vio las señales (los muy hijos de puta no suelen dar señales hasta que es muy, pero que muy tarde), sino como fue capaz el señor pelicot de encontrar a tantos hijos de puta como él, y no cruzarse nunca con un hombre justo (de esos que dicen que hay un montón... son la mayoría, nos dicen...) que denunciara lo que pasaba...

o el señor pelicot es muy, pero que muy bueno, detectando el hijoputismo que los demás llevan dentro y nunca erró al ofrecer lo que ofrecía, o hay más hijos de puta de los que nos gusta pensar...


y vuelvo al libro de gisèle pelicot... gisèle pelicot no se casó con un monstruo, se casó con un hombre que creyó que la cuidaría y la respetaría... 

no sé cómo explicarlo... yo era de las que creía que faltaba educación, un poquito más de pedagogía... que si conseguíamos explicarlo bien, que si lo explicábamos bien de verdad, estas cosas dejarían de pasar, pero me he dado cuenta de que no es cierto... 

ya lo han explicado bien... no hay nada que los hombres tengan que entender porque lo han entendido, lo entienden, lo saben y les da igual... crees que cuando un hombre fuerza a una mujer no sabe que la está forzando... crees que esos ochenta hombres que violaron a gisèle pelicot mientras estaba inconsciente no sabían que lo que estaban haciendo además de un delito estaba mal?... lo sabían, y ahí está la gracia, por desgracia... 

el señor pelicot drogando y violando y ofreciendo violaciones a desconocidos es un caso de los que causan sensación porque no hay justificación... ella no sólo no quería, ella era drogada, inmovilizada, cosificada y no hizo nada para merecerlo... no podemos preguntar porqué estaba ahí, porque ahí era su cama, que es donde las buenas chicas (y las buenas mujeres) tienen que estar por las noches... no podemos preguntar porque iba vestida así, porque ella no se vestía, el enfermo de su marido le ponía lencería que compraba para ese menester... no podemos preguntar si dio algo a entender, si ellos pudieron malinterpretarla, porque estaba inconsciente y no podía consentir... y creo que a estas alturas no deberíamos tener que aclarar que no negarse, en su situación no equivale a consentir...

lo jodido de este caso es que nos enfrenta al puro sin sentido... una mujer casada, de más de sesenta años, drogada por su marido y violada por desconocidos en su propia cama... 

y todos esos hombres sabían que lo que hacían no estaba bien... y todos esos hombres se declararon inocentes en el juicio... y hay treinta hombres que lo hicieron y que no han sido encontrados... y eso en unos cincuenta kilómetros a la redonda... 

y no sé (y sinceramente no quiero saber) cómo se justifican a sí mismos esos señores, si es que necesitan justificarse...

que no lo entiendo...

lo que sí entiendo es uno de los momentos mágicos del libro de gisèle pelicot y es cuando cuenta que unos días después de empezado el juicio público...

"No recuerdo el día exacto que oí los primeros aplausos al entrar en el juzgado. Sentí a la gente a mi alrededor, sobre todo mujeres, formando una guardia de honor que yo no había imaginado ni solicitado. Sentí su calidez, su emoción, su fragilidad entralazándose con la mía."

y para los que estos días, alrededor del ocho de marzo se han preguntado para qué sirve el feminismo hoy, creo que esta sería una de las respuestas... 


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