jueves (aunque es clavadito a un viernes) y te escribo desde el
despacho... con la caja por hacer, el correo abierto, impreso y
entregado, dos facturas encima de mi mesa que debería archivar, las
nóminas por sentar y la seguridad social comprobada y esperando que haga
el correspondiente asiento de pago...
y es jueves y hoy habrá que facturar antes de cerrar, y antes de eso me
gustaría sentar algunas de las facturas de proveedores que esta semana
han ido llegando, incluso me gustaría ponerme con los gastos... y es que
esta semana aunque he cumplido (como siempre) mi horario laboral, la
verdad verdadera es que he pasado más tiempo en la caja que en mi mesa
del despacho, y eso, quieras que no, se traduce en que he hecho lo
urgente (la caja de cada día, los albaranes que han ido entrando, los
pedidos que había que pasar y demás urgencias despachiles) pero mis
rutinas las he ido dejando (más por falta de tiempo que por falta de
voluntad) y ahora me encuentro, con que si repaso la semana, de lo mío,
no he hecho apenas nada...
en fin... mejor no pensar en lo que no tiene remedio... así que hoy te
contaré que me estuve leyendo una antología poética de anne sexton (sí,
lo sé, te estás preguntando que para qué me compro una antología de la
sexton cuando ya me he leído sus poemas completos, pero es que hay
autoras que cuando las encuentro, no puedo evitar comprarlas... y anne
sexton es una de ellas), y me encantó, claro... pero es que esta mujer
siempre me encanta...
así que te voy a copiar uno de los poemas que encontré en esta antología poética...
el inventario del adióstengo un paquete de cartas.
tengo un paquete de recuerdos.
podría arrancarles los ojos.
podría usarlos como un delantal hecho con retazos.
podría meterlos en la lavadora, en la secadora.
tal vez así un poco de dolor fuese a la deriva como si de suciedad se tratara?
quizá pudiese triturar la pérdida debajo del sumidero.
además -vaya negocio- sin necesidad de costosas llamadas.
sin necesidad de largos viajes en avión en medio de la niebla.
sin necesidad de risa maníaca ni bendiciones de un cura del montón.
ese cura probablemente siga flotando en una almohada de niebla.
bendiciéndonos. bendiciéndonos.
es para bendecir tu pérdida
que estoy sentada aquí con mi alma torpe?
en tiempo del activismo ha pasado.
tomo asiento aquí en la punta de la verdad.
nadie a quien odiar excepto el delgado pez de la memoria
que se desliza dentro y fuera de mi cerebro.
nadie a quien odiar excepto el áspero contacto de mi camisón
que roza mi cuerpo igual que una luz que se ha apagado.
recuerda el beso que inventamos, lenguas como poemas,
reuniéndose, regresando, invitando, provocando una fiebre de necesidad.
risa, mapas, casetes, el tacto cantando su senda;
todo para ser roto y guardado en una caja fuerte hermética.
los monótonos muertos me embozan y sólo hay
negro sobre negro que mana de la caja fuerte.
puedo destriparla y luego poner el corazón, las piernas,
y dos que fueron uno sobre una gran pila de leña
y pegarles fuego, como una vez pegaron fuego, y dejar que formen remolinos
en las llamas hasta alcanzar el cielo
volviéndolo peligrosamente rojo.anne sexton
corto y cierro...
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