en "lo que no tiene nombre", piedad bonnett me ha contado la muerte de su hijo daniel...
"Daniel murió en Nueva York el sábado 14 de mayo de 2011, a la una y diez de la tarde. Acababa de cumplir veintiocho años y llevaba diez meses estudiando una maestría en la Universidad de Columbia."
a piedad bonnett le dio la noticia renata, su hija mayor, por teléfono dos horas después... "con cuatro palabras, de las cuales la primera, pronunciada con voz vacilante, consciente del horror que desataría del otro lado, fue, claro está, mamá. Las tres restantes daban cuenta, sin ambages ni mentiras piadosas, del hecho, del dato simple y llano de que alguien infinitamente amado se ha ido para siempre, no volverá a mirarnos ni a sonreírnos."
daniel se suicidó... daniel se lanzó al vacío... daniel había tenido varias crisis antes... a daniel le costaba vivir, a daniel le dolía la vida... y piedad bonnett nos lo intenta contar, creo que un poco para entenderlo ella... el dolor, el miedo, la incertidumbre... y es que daniel sabía que no estaba bien, pero con medicación dejaba de ser él mismo, y sin medicación se descontrolaba...
es complicado... es muy complicado...
dice piedad bonnett que "En estos casos, trágicos y sorpresivos, el lenguaje nos remite a una realidad que la mente no puede comprender."
y no, la mente no lo puede comprender...
y un poco más adelante sigue diciendo piedad bonnett que: "Daniel se mató, repito una y otra vez en mi cabeza, y aunque sé que mi lengua jamás podrá dar testimonio de lo que está más allá del lenguaje, hoy vuelvo tercamente a lidiar con las palabras para tratar de bucear en el fondo de su muerte, de sacudir el agua empozada, buscando, no la verdad, que no existe, sino que los rostros que tuvo en vida aparezcan en los reflejos vacilantes de la oscura superficie."
yo también me lo repito una y otra vez... no es que te putees, que es necesitas repetírtelo una mil ochocientas cincuenta veces por lo absurdo que resulta...
también me dice piedad bonnett "Tres horas hace, tres horas de un tiempo que ya ha empezado a correr hacia su disolución, y tú no te has desmayado, no has caído al suelo de rodillas ni te tambaleas a la orilla del vértigo o la locura. No. Estás, como dicen los manuales sobre el duelo, en estado de shock o embotamiento. Tu dolor, el de los primeros minutos después de la noticia, se ha tocado en fría estupefacción, en pasmo, en una aceptación semejante a la que aparece cuando entramos al quirófano o cuando constatamos que hemos perdido el avión en el que volaríamos a una ciudad lejana."
yo tampoco me desmayé, no caí al suelo de rodillas (no grité), no monté una escena, el estado de shock me duró varios días y una vez pasado no tenía sentido desmayarse ni caer al suelo de rodillas (ni gritar)...
creo que tanto piedad como yo creemos que deberíamos haber hecho esas cosas, desmayarnos, caer al suelo de rodillas (gritar enloquecidas).
cuenta piedad bonnett que la cotidianidad suele ser ruda, cuando llegaron al aeropuerto, un funcionario de la aerolínea les habló mal por llegar tarde, ellos (ella y su marido) le explicaron que su hijo acababa de morir y que por eso habían tenido que hacer los trámites deprisa y corriendo... no hubo respuesta por parte del funcionario... lo sé porque me ha pasado, no con un funcionario de una aerolínea, pero sí en un taxi, en alguna cafetería, al intentar explicar algún olvido, algún retraso, unas lágrimas a deshoras... cuentas tu desgracia con un hilo de voz y delante tienes silencio, incomodidad y una extraña indiferencia que al principio yo creía que debía ser fingida, pero que no lo es en realidad... porque aunque tardas un poco, te das cuenta, de que a algunas personas no sólo no les importa tu desgracia (por qué debería importarles en realidad?) sino que les molesta (les incomoda) que la cuentes sin venir a cuento, o a ellos que no tienen nada que ver contigo ni con lo que te ha pasado...
con el tiempo aprendes a callar, y a no explicar ni tus lágrimas ni tus reacciones ni nada, pero al principio, cuando necesitas repetirlo y contarlo y decirlo, porque en tu cabeza es lo único que escuchas todo el tiempo, inevitablemente te sorprende la frialdad, la sorpresa y la incomodidad con la que los desconidos (y algunos conocidos) escuchan tu triste historia...
dice más adelante piedad bonnett que "La sensación, abrumadora, es de extrañeza de incredulidad: puedo ser yo esa persona que viaja a enterrar a su hijo?
Sí, Piedad. Es un hecho. Sucedió. Y nunca palabras tan precisas me han sonado tan irreales."
y con pena, sonrió al constatar que piedad bonnett habla consigo misma como lo hago yo... se pregunta y se responde... puedo ser yo esa persona que compra flores para llevar a la tumba de su amor... sí, ana, cielo (me hablo con mucho cariño y con mucho amor) eres tú...
y también con pena sonrío cuando piedad cuenta que al salir del tanatorio su marido preguntó dónde estaba dani...
creo como piedad que "El dolor pareciera, tal vez por ley compensatoria, otorgarnos derechos." aunque luego te vas dando cuenta de que no es cierto, y también que "Un gran duelo nos vuelve momentáneamente libres, o al menos así me lo parece mientras veo a los demás detenerse en el umbral de mi pena, poseídos por el miedo o el sobrecogimiento o el pudor. Mi propio gesto, mi espacio, mi silencio, mi voluntad me pertenecen ahora como nunca. También soy dueña absoluta de mi palabra."
me cuenta también piedad bonnett que "En mi afán de penetrar en la muerte me he volcado de inmediato sobre los libros; pero no sobre aquellos consoladores, los que nos invitan a conectar con el momento presente o a reconciliarnos con el pasado, sino sobre los que hurgan en la enfermedad mental, el suicidio, la experiencia del duelo. Filosofía, literatura, testimonios sobre la locura, la pérdida, la agonía. Algunos amigos me hacen llegar lecturas que consideran oportunas: Héctor me presenta a Michael Greenberg, Luis Fernando a Mary Jo Bang, Vesna, un tratado sobre la muerte para los tibetanos. He vuelto a leer El dios salvaje, y he buscado luz en libros de ciencia, en tratados médicos, en Norbert Elias, en Améry, en Barnes, en Gotgried Benn, en Sylvia Plath, en Lowell, en Javier Marías, en Joan Didion."
y como me pasó cuando linn ullmann nos contó a kitti a mí que leía libros de duelo para hacer el suyo, todo tipo de libros de duelo, me reconforta saber que piedad bonnett también busca en la literatura... además sonrío porque compartimos algunas lecturas y anoto nombres que no conocía para buscarlos más adelante...
dice también piedad bonnett: "Vivir un duelo: una experiencia hasta ahora para mí desconocida. Se ha escrito y se ha estudiado tanto al respecto que pareciera que todo sentimiento o reacción está ya catalogado. Hay etapas, dicen los que saben, ciclos que el cerebro experimenta.
Tomo notas, me observo. Ahora sé que el dolor del alma se siente primero en el cuerpo. Que puede nacer de improviso, en forma de un repentino desaliento, de un aleteo en el estómago, de náusea, de temblor en las rodillas, de una sensación de ahogo en la garganta. O simplemente de lágrimas calientes que acuden sin llamarlas.
(Es sentimiento puro albergado en la amígdala -me dice mi terapeuta- que surge sin necesidad de pensamiento asociado.)
Sé que en determinados momentos mi dolor me acerca a la locura."
yo también he tomado notas (sigo tomando notas) también me observo, también sé cosas ahora que antes no sabía...
y "En mí persiste la sensación de que esta es una situación provisoria, circunstancial. Siento que algo está por suceder, que algo tiene que pasar. Y de pronto comprendo: lloro y nada pasa. Leo y nada pasa. Escribo y nada pasa.
No, eso que espero no va a pasar."
dos años después, yo sigo teniendo la misma sensación de provisionalidad... yo también sé que eso que espero no va a pasar, lo sé, sí, no estoy loca, lo tengo claro... pero aún así la sensación impronunciable es esa, esperas algo que sabes que no pasará, y aún así lo esperas y aún así sabes que no pasará jamás de jamases, pase lo que pase, hagas lo que hagas y le reces a quién decidas rezar... pero esperas algo que sabes que no va a pasar...
también me cuenta piedad bonnett que después de la muerte de Daniel, un amigo suyo escritor, que sabía que estaba escribiendo el libro que yo estoy leyendo, le regaló "el acontecimiento" (que piedad bonnett califica de descarnado y bello libro) de annie ernaux... en él piedad bonnett lee y copia, una cita que yo también leí y copié cuando leí el libro de la ernaux hace poco, que dice: "Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, da el derecho imprescriptible, de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior".
y al hilo de la cita continúa:
"Da el derecho, sí. Pero me pregunto por qué lo hago.
Quizá porque un libro se escribe sobre todo para hacerse preguntas.
Porque narrar equivale a distanciar, a dar perspectiva y sentido.
Porque contando mi historia tal vez cuento muchas otras.
Porque a pesar de todo, de mi confusión y mi desaliento, todavía tengo fe en las palabras.
Porque aunque envidio a los que pueden hacer literatura con dramas ajenos, yo sólo puedo alimentarme de mis propias entrañas.
Pero sobre todo porque, como escribe Millás, "la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas"."
me gusta la explicación que piedad bonnett me da de porque sigo escribiendo...
y me ha encantado el libro de piedad bonnett, que ya formaba parte de mi grupo de apoyo al duelo desde que leí aquel verso en el que le pide al dolor que persevere...
y que siento mucho lo de daniel... y que espero que esté bien...
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