me leí hace unos días "cuando el final se acerca" de kathryn mannix... una preciosidad de libro...
no sé cómo llegué exactamente a él... no leí nada sobre el libro en ningún sitio, no tengo ningún pantallazo, así que no lo vi en instagram, no conocía a la autora ni el libro... me imagino que sería una sugerencia de esas que aparecen en las páginas de libros, de si te ha gustado este libro, puede que esté te interese y tal... y como últimamente la muerte y sus consecuencias me fascinan... el caso es que no sé cómo llegue a él, pero ha sido maravilloso leerlo...
no es un libro de duelo, que es lo que más me interesa en este momento (eso y el periodo de entre guerras, claro) es más bien un libro sobre la muerte, escrito por una doctora que sabe mucho de eso... ella trabaja en cuidados paliativos, está acostumbrada a hablar de la muerte, a intentar que sea de la mejor manera posible... y es un encanto...
el libro son historias de moribundos, historias de gente con enfermedades graves e incurables y como ellos y sus familiares se enfrentan a esos últimos días...
me pasé el libro llorando, es cierto, pero me hizo bien, porque ciertas dudas, ciertos miedos, logró, no sé si disiparlos, pero sí atenuármelos un poco...
dice kathryn mannix en un momento del libro que "Los familiares de un difunto, incluso aquellos que han presenciado la muerte aparentemente tranquila de un ser querido, normalmente necesitan contar su historia una y otra vez; y eso es una parte importante de la transformación de la experiencia que han vivido en recuerdo, en lugar de revivirla como una realidad paralela cada vez que piensan en ella."
y no solo es cierto, sino que creo que es importante decirlo y saberlo...
yo he necesitado contar mi historia una y otra vez, hasta el punto de pensar que tenía un problema, hasta el punto de pensar que era una pesada, una loca que le contaba a las personas cosas que no les podían interesar... me he sentido mal conmigo misma, he hecho propósito de enmienda, me he prometido a mí misma no volver a contarle a una cajera de mercadona, al frutero o a la florista que el amor de mi vida murió a los cincuenta y cinco años, que fue un cáncer, que se lo diagnosticaron y que un mes después había muerto... me he prometido a mí misma, no sólo no llorar en público, sino dejar de contar que en su primera visita a urgencias le diagnosticaron anorexia nerviosa, o que no fui a su entierro porque no pregunté o lo mal que llevo los aniversarios... intento no decir que a él le habría gustado esto o lo otro, o que él decía, o que él pensaba, o que él sabría seguramente algo que yo no sé...
yo he necesitado contar mi historia una y otra vez, y he escrito un libro de casi quinientos folios, y he ido al psicólogo y tal, sintiéndome mal por ello cuando es lo normal... y que una doctora, una maravillosa doctora a la que no conozco me lo diga por escrito, la verdad es que alivia y reconforta...
dice también sobre nombrar la muerte que: "Mencionar la agonía se ha convertido en un tabú. Ha sido algo gradual y, al perder familiaridad con el proceso, también hemos perdido el vocabulario que la describe. Eufemismos como "fallecido" o "difunto" han reemplazado a "muerto". La enfermedad se ha convertido en una "batalla" y los enfermos, los tratamientos y los resultados se describen con metáforas tomadas de la guerra. No importa que una vida haya sido plena, que un individuo esté contento con sus logros y satisfecho por su lista de experiencias enriquecedoras: al final de su vida, los describirán como personas que "han perdido la batalla" en lugar de decir simplemente que han muerto.
Recuperar el lenguaje de la enfermedad y de la agonía nos permite tener conversaciones más simples y menos ambiguas sobre la muerte. Hablar entre nosotros para hablar de nuestra muerte, en lugar de entender esta palabra como si fuera una fórmula mágica capaz de causar daño por el mero hecho de ser pronunciada, puede ayudar a un moribundo a planificar el final de su vida, a hacer las disposiciones pertinentes para preparar a sus seres queridos para el duelo, y puede normalizar la idea de que la muerte es un hecho que sucede al final de la vida, sin más. Un debate abierto reduce la superstición y el miedo, y nos permite ser sinceros los unos con otros en un momento en que fingir y las mentiras bienintencionadas no hacen más que separarnos, haciéndonos perder un tiempo precioso."
cuando mi amor se moría, nadie quería hablar del tema... me contaban historias de recuperaciones casi milagrosas, proponían cambios de hospitales, pedir segundas opiniones, tener fe, esperar milagros, y aunque colgaba el teléfono muy reconfortada, la verdad es que yo sabía lo que iba a pasar, pero nadie quería que lo dijera...
sigo sin saber si hicimos lo correcto al no decírselo... sigo dándole vueltas a la conversación que no tuvimos, aunque sé (lo sé) que él sabía que se moría, y sé (lo sé) que todos (él y nosotros) creíamos que había más tiempo... poco tiempo, sí, pero un poco más del que tuvimos...
dice también kathryn mannix que "El duelo es un proceso que nos transporta de la inmediatez a la pérdida, y del dolor que se asocia a la misma, a un periodo transitorio en el que tenemos que ver el mundo con otros ojos, hasta que pasamos a un estado en el que volvemos a funcionar. No es cuestión de "mejorar": el duelo no es una enfermedad y la vida para el doliente nunca volverá a ser la misma. Pero, con tiempo y apoyo, el proceso ayudará al doliente a alcanzar un nuevo equilibrio."
me gusta su definición de duelo, me gusta que diga que no es cuestión de "mejorar", que el duelo no es una enfermedad, que la vida (mi vida) no volverá a ser la misma, y sobretodo me gusta lo del nuevo equilibrio... a poco más aspiro... a recuperar el equilibrio...
(la pérdida del equilibrio no es metafórica... en yoga, mi parte favorita, la que mejor se me daba, era precisamente esa, la del equilibrio... estaba centrada, estaba equilibrada, levantaba un pie, los brazos, fijaba la vista y mantenía el equilibrio sin problemas mientras a mi alrededor mis compañeras tenían que recuperar el equilibrio una y otra vez... ahora no... el equilibrio desapareció... posturas que me resultaban fáciles se volvieron imposibles... mi profesora me dijo que era normal, que no me preocupara... que raro habría sido que con lo que había pasado, yo pudiera conservar el mismo equilibrio... pero el caso es que el equilibrio va volviendo poco a poco... es curioso ver como me voy centrando, como puedo levantar un pie y los brazos y aguantar unos segundos antes de perder el equilibrio... es curioso ir notando como mi cuerpo y mi interior van encontrando la manera de recuperar el equilibrio perdido, y aunque aún no soy capaz de mantener la postura como antes, poco a poco soy capaz de ir centrándome y noto como el equilibrio, en el sentido literal del término, va volviendo...)
que me ha encantado el libro, que es una maravilla y una preciosidad... tanto, tanto, tanto que ya tengo un libro de la misma autora en mi carrito de la compra... lo de cuando podré volver a comprar libros es otro tema...
y ahora estoy leyendo a wiston churchill... otro de esos señores que ganaron el nobel... pero como el libro es sobre la primera guerra mundial y tiene más de mil páginas, igual tardo unos días en volver por aquí...
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