después de terminar el libro de gail godwin, busqué las memorias de una viuda de joyce carol oates... recordaba a gail godwin por lo de "que desdichada vas a ser", pero me rondaba también si gail era esa amiga de joyce que había perdido a su marido poco antes...
mientras escribía el libro del corazón, su marido estaba vivo, lo nombra un par de veces, pero recordaba que joyce carol oates tenía una amiga que había perdido a su marido un poco antes... así que estuve ojeando el libro y sí...
cuenta joyce carol oates que:
"Cuando llamé a Gail Godwin para decirle que Ray había muerto, la respuesta de Gail fue inmediata:
-Oh, Joyce, qué desdichada vas a ser.
Qué verdad es! Es una cruda verdad que pocos desean reconocer.
Hay amigos a los que vemos con frecuencia y amigos a los que vemos poco. Mi amistad con Gail Godwin, desde hace más de treinta años, ha sido sobre todo epistolar, escrita. Somos como primas, o hermanas, de una era pasada, la lejana era de las hermanas Brontë, quizás. Y la casa de Gail en una colina de Woodstock, Nueva York, desde la que se ven a lo lejos las Catskill Mountains, tiene algo del aire romántico y aislado de los legendarios páramos de Yorkshire.
Ray y yo habíamos visitado muchas veces a Gail y su pareja de toda la vida, el distinguido compositor Robert Starer, en su casa de Woodstock. La inesperada muerte de Robert en la primavera de 2001 fue acompañada de la triste sensación del fin de una época, aunque no me atreví a pensar que mi marido sería el siguiente.
Qué parecidas son nuestras experiencias, la de Gail y la mía! Es increíble.
Como Ray, Robert había ingresado en el hospital de manera "provisional": había sufrido un ataque al corazón del que parecía estar recuperándose; su condición era "estable"; entonces, una mañana, mientras Gail se disponía a ir al hospital en Kingston para verlo, recibió una llamada de un médico al que no conocía, porque era el que estaba de guardia en ese momento:
-Me temo que Robert no ha conseguido superarlo.
No ha conseguido superarlo! Pero si estaba recuperándose..., no?
Protestamos así, incrédulas. Nos aferramos a lo que parecen habernos prometido, como niñas. "Pero, pero...! Pero si estaba recuperándose! Usted dijo que estaba vivo todavía."
Gail también fue hasta el hospital en un trance. Gail tampoco había creído que su marido no iba a estar esperándola en su habitación del hospital. En coche, a primera hora de la madrugada, por una carretera oscura, las dos pensamos: "Está muriéndose mi marido? Está muriéndose? No puede estar muriéndose! El médico ha dicho... está vivo..."
Mucho después de que se desvanezca la esperanza, permanecen estas palabras fantasma.
Vivo, todavía... está vivo. Está recuperándose.
Le darán el alta el próximo martes.
Gail me ha ofrecido simpatía y consejo. Estoy tan rota, que me resulta difícil hablar. Ya no suelo hablar por teléfono con nadie, pero puedo hablar con Gail y decirle a Gail que me habría gustado que viviéramos más cerca, que podríamos acompañarnos en nuestra pena, pero no parece probable que ninguna de las dos vaya a mudarse. Quién, sino Gail Godwin, es capaz de decirme:
-Sufre, Joyce, Ray lo merecía.
Así es. Es verdad. Pero la duda es: tengo la fuerza suficiente para sufrir? Y durante cuánto tiempo?"
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