terminé de leerme "mi año de descanso y relajación" de ottessa moshfegh, libro entretenido pero nada relajante, del que (no sé porqué) intuí el inesperado final más o menos a mitad...
entiendo el planteamiento, estos últimos meses me he replanteado varias veces mi decisión de no tomarme nada contra el dolor, incluso creo que me equivoqué en su momento al seguir trabajando, que me tenía que haber quedado dos o tres días en casa llorando sin parar en vez de intentar fingir que podía trabajar cuando en realidad no podía hacerlo... pensé que si me quedaba en la cama un día, un sólo día, no sería capaz de volver a salir en meses, por eso me forcé (y me sigo forzando) a fingir normalidad y a levantarme todos los días como si la otra opción no lo fuera, como si rendirse (un día o dos o tres...) no estuviera entre mis opciones en este momento concreto... así que entiendo el planteamiento, lo de organizarse para no salir de casa, y mediante drogas evitar pensar y sentir y vivir... pero el final, bueno, el final no, lo de la colaboración con el artista ese raro, es demasiado para mí...
me ha gustado?... sí, me ha gustado... me ha encantado?... no sé... de momento no planeo hacerme con mas libros de ottessa moshfegh, pero no lo descarto... quizás es sólo que necesito tiempo para asimilarlo...
y después del libro de ottessa moshfegh, me leí "una casa propia", el final de la autobiografía en construcción de deborah levy (después de "cosas que no quiero saber" y "el coste de vivir") en el que deborah levy me ha contado que quiere una casa y cómo quiere que sea esa casa ideal... además de sus viajes, sus ideas, sus lecturas, algunas citas, y que tiene un platanero...
me cae bien deborah levy, y ha sido un placer leerla...
y después del libro de la levy, me leí "el mar" de john banville, porque se acerca la navidad, porque llevo unos días un poco rara, porque eso de que se vaya a acabar otra vez el año me tiene un poco desconcertada, y la única manera que se me ocurrió para conjurar este desasosiego extraño que el fin de semana agudiza, fue leer al banville, porque a él le gustaba el banville...
(aunque ya lo conocí este verano, lo leí como benjamin black (a él le encantaba como benjamin black), que es como conocer a alguien en una fiesta de disfraces...)
así que ayer me leí "el mar" de john banville, novela en la que el narrador acaba de enviudar, y vuelve al pueblo donde pasaba los veranos de pequeño, y la pérdida de su mujer se entremezcla con los recuerdos de un verano cuando conoció a la familia que veraneaba en la casa donde él está hospedado en el presente con un viejo coronel y la dueña (que no es la dueña en realidad), y a su primer amor y... no cuento más que el final (los finales) son bastante inesperados...
así que encantada con el john banville, del que ya planeo comprar alguna otra novela (y eso que tengo ya una de benjamin black en el book esperándome)
(además que creo que el banville me ha guiñado el ojo un par de veces (ese beso en ese lugar del tamaño de una moneda (de no recuerdo si un penique o seis) detrás del cuello, o eso de atorméntame, que no sé porqué me recordó a heatclift (y a mí), que como las notas no me lo aclararon, no puedo estar segura, pero que yo creo que sí... que banville me guiñó el ojo un par de veces, o tres...)
y ahora estoy releyendo "sombras en la hierba" de isak dinesen (la que podría ser la segunda parte de sus "memorias de áfrica") y me está contando (otra vez) su relación con farah...
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