martes y te escribo desde el despacho... entre un pedido y otro, porque
esta mañana estoy de auxiliar de pedidos a proveedores poco habituales,
quizás por esa manía mía de guardarme ciertas contraseñas en posits (lo
que quieras que no, facilita mucho lo de entrar en las páginas de
ciertos proveedores), y como el jefe se ha ido a mirar a las vitrinas a
ver que nos puede faltar para completar uno de los pedidos, pues
aprovecho la coyuntura, y tecleo...
tecleo y hoy te contaré que estuve leyendo cánticos del sol, de la vida y de la muerte de
edith sitwell... poetisa a la que busqué, después de leer su nombre en
los diarios de la plath, en un momento en el que la plath se pregunta
quienes de sus contemporaneas son sus "competidoras" y nombra a edith
sitwell, y a mi querida adrienne rich... así que, con los diarios
abiertos en el regazo, cogí el móvil, hice una busqueda en internet, y
antes de acabar el párrafo en cuestión, yo ya tenía encargada esta
antología descatalogada de la visor, que tres días después, llegó por
correo al despacho (no te imaginas como me gusta recibir libros en
horario laboral, visto que ahora mi horario laboral me impide hacer casi
cualquier cosa...)
y como siempre, no sé que decirte de esta antología... así que creo que
lo mejor será copiarte uno de los poemas que componen estos cánticos del sol, de la vida y de la muerte... y elijo una canción en la mañana... quizás porque me gustó lo que dijo la sollozante rosa, suspirando, en su noche de hojas...
una canción en la mañana
en su noche de hojas la sollozante rosa
dijo suspirando: «ensombrecido está mi corazón y sombrío mi secreto amor.
no aparezca el fuego que habita en tu corazón ni su fulgor
porque contemplar un arcoíris en la noche
será la predicción de tu derribo.»
pero vino la mañana y los grandes rocíos. entonces la filosofía
de la lobreguez del corazón tuvo su fin. y de la crisalida de mi etéreo reposo
que se aquieta en mi forma como la luz o el rocío
alcé y replegué mis alas: me alejé
de la porfídica oscuridad. igual que la rosa
tomé también mis cuidados en el matinal rocío
viendo que vuelven lo inmóvil y la hora acabada
para hacer desaparecer el estigma de nuestras manos. y también en la mañana
estoy como la rosa que aclama los encendidos alborozos y las quemantes pesadumbres
caídas de las jóvenes venas y del corazón de la primavera; ya una vez detuvieron
la incitación al incendio del mundo y la rojez del verano,
la esperanza de la rosa. porque pronto vendrá la mañana
cuando la arcaica prudencia y su invernal sueño
no sean más que la veleidad de la rosa...
la lumbre de las lágrimas semejará sólo el esplendor de la rosa
-tampoco la tristeza será más oscura que su noche de hojas.
edith sitwell (cánticos del sol, de la vida y de la muerte)
porque viene bien no olvidar, que pronto vendrá la mañana... y que tampoco la tristeza será más oscura que su noche de hojas...
corto y cierro, que el jefe ha vuelto...
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