sábado veinticinco de enero, y te escribo desde el despacho...
y aunque ya sabes que yo los sábados no suelo escribir; como te decía,
es veinticinco de enero, y como tal día como hoy (de mil ochocientos
ochenta y dos) nació virginia woolf, y yo estuve leyendo hace unos días
la última de sus novelas que me quedaba por leer, noche y día, he pensando que no podía no escribir hoy...
era la tarde de un domingo del mes de octubre y, como otras muchas señoritas de su clase, katharine hilbery estaba sirviendo el té a los invitados. pero quizá no ocupara en esto más que una quinta parte de su cerebro, mientras el resto de su pensamiento estaba concentrado en la pequeña barrera de tiempo que separaba aquel instante de la mañana del siguiente lunes, entreteniéndose en imaginar las cosas que haría.
virginia woolf (noche y día)
y así empieza la woolf a contarnos esta historia (su segunda novela) una
tarde de octubre, en la que katharine hilbery sirve el té a los
invitados de mrs. hilbery (su madre, y un personaje inolvidable), y en
la que conocerá a ralph denham, con el que al principio, la verdad es
que no se llevará del todo bien... una historia muy virginia woolf, en
la que a través de cuatro personajes (katharine hilbery, ralph denham,
mary datchet y william rodney... y quizás la prima cassandra, que se ve
inmersa en una historia que no es capaz de entender del todo), la woolf
nos irá contando la historia desde fuera y desde dentro (de esa manera
tan señora dalloway, tan suya y tan magistral).
y me encantó... claro... aunque he de admitir que al terminarla me
invadió una pena extraña... no por el final abierto que deja a tu
imaginación decidir si la cosa acabará bien o no... sino porque como te
decía, esta era la última novela que me quedaba por leer de virginia
woolf... y eso, quieras que no, me hace sentir esta extraña tristeza...
cierto que siempre quedan las relecturas (y precisamente la experiencia
me ha enseñado, que las obras de la woolf ganan al releerlas, ya que
creo que no miento si te digo que virginia woolf es una de las autoras a
las que más he releido), pero me gustaba eso de tener un libro de ella
aún por leer (este noche y día llevaba mas de un año y medio por casa).
y quizás me hubiera gustado contarte que la primera vez que la leí fue en una edición de bolsillo de la señora dalloway (ya sabes, que clarissa dijo que ella misma compraría las flores...), y que después vinieron las olas (esas a las que siempre acabo volviendo, quizás por aquello de ir cogiendo flores verdes, mayas de color de luz de luna, rosas silvestres y repentinos tallos de enredadera...), y ese camino al faro (que me enseñó que la cuestión estaba en saber por dónde empezar, dónde había que dar la primera pincelada...), y aquellos entre actos (que me enseñaron que una puede pedirle al pozo de los deseos: huir del día y de la noche, para salir a un lugar donde no haya adioses- y las miradas puedan coincidir... y que becquer no fue el único que notó que cada año volvían las mismas golondrinas), y los años (y ese trozo de vidrio roto...), y orlando (y ese momento mágico en el que orlando se despertó (...) y debemos confesarlo: era una mujer...), y el cuarto de jacob (y
la desoladora verdad que ese cuarto nos cuenta al final...), y el fin
de viaje (en el que además de conocer a la señora dalloway de joven,
virginia me contó que las noches eran anchos fosos obscuros que separaban los días...)
y digo que me habría gustado contártelo, porque me gustaría ser capaz de
escribir un ensayo en condiciones sobre las novelas de esta increible
autora que de sobra sabes lo que me ha marcado con sus letras... pero no
poseo el arte de la ensayística... y tampoco tengo el tiempo que
semejante empresa merecería... solo tengo estos ratos sueltos para
dedicarle a mis tecleos dispersos... porque además de sus novelas
tendría que hablarte de aquel cuarto propio que
virginia me enseñó que necesitaba (además de aquella historia de la
hermana de shakespeare a la que algún día prometo llevarle flores...),
de aquellos cuentos completos que
me compraste una mañana de besos de semáforo y parada de autobús; o de
aquella loca biografía del perro de la browning; y de sus ensayos (esos
que yo no sé escribir) que he ido encontrando en el lector común, o en
la muerte de la polilla, o en aquellos escrito sobre mujeres y
literatura... y aquellos inolvidables momentos de vida en los que me
contó que aunque podría consumir
horas intentando escribir esto tal como debiera escribirse, a fin de
comunicar aquella sensación que incluso en este momento experimento con
mucha fuerza. pero no lo conseguiría (a no ser que tuviera una suerte
maravillosa)
lo bueno?... que tengo por casa parte de sus diarios traducidos
al castellano... así que aunque no me quedan novelas de virginia woolf
por leer, al menos tengo esos diarios, que seguro que me descubren cosas
que aún no sé... y seguiré buscando sus ensayos... claro... que por
cierto, estaría bien que alguien publicara completos en algún momento,
no?...
-quién sabe -exclamó mrs. Hilbery, siguiendo expresando en voz alta sus ensueños- dónde hemos nacido, por qué o para qué, o lo que encontraremos al final de nuestro recorrido? quién sabe nada, excepto que el amor es nuestro ideal y nuestra fe, que el amor...?
virginia woolf (noche y día)
corto y cierro.
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