sobre extraños regalos (o hombres que cantan al amanecer y comen cebolla...)

y es sábado y te escribo desde el despacho, a puntito de terminar con el dichoso mes de enero (que teniendo en cuenta que sólo (o ya) estamos a día once, no está mal...)

pero en vez de escaneando un pedido o sentando los gastos que me quedan por sentar, he abierto este editor dispuesta a rebuscarme las palabras para contarte algo... pero el caso es que no me sale...

quizás tirando del hilo de mis lecturas, hoy podría contarte que mi hermana la mediana me regaló para reyes el libro hombres que cantan nanas al amanecer y comen cebolla de sara herrera peralta... 

pero no sé hablar de poesía (y además este libro, si bien es cierto que me gustó, también lo es que no me entusiasmó...)

así que te copio un poema, del que aprendí algo importante...




feliz cumpleaños

no tendríamos ciudad,

ni tendríamos la lengua,

ni la boca, ni el idioma.



si no hubieran pasado treinta y cuatro años

ni yo hubiese amado a dos hombres

y a una mujer muerta,

si no hubieran sido los ricos y la tradición

los que pusieron nombre a esta lucha,

mi voz sería hoy la nieve inútil.



prefiero el mar al río,

la única tierra que encuentro igual en los viajes,

el cielo despejado.



mi vida tiene hoy treinta y cuatro años,

cuando me pregunto quien soy,

mi respuesta está dentro

entre ovarios y trompas de falopio.



en este camino, los pájaros,

la nostalgia, les rêves, la niña extranjera.



a pesar de los elementos químicos,

sobrevivimos porque la alegría es necesaria.



nuestro es el mundo,

mi abuelo lo sabía meses antes

de que yo cumpliera

estos treinta y cuatro años,

por eso en el silencio sigo siendo

una mujer niña hecha de huesos y cerezas



y en las tormentas crezco.



puedo salvarme.

el día que he cumplido treinta y cuatro años

puedo decir y puedo escribir

que puedo salvarme.



pero no puedo salvaros a todos.

sara herrera peralta (hombres que cantan nanas al amanecer y comen cebolla)



y aunque a mí me ha costado un poquito más, creo que a mis casi treinta y nueve años puedo decir y puedo escribir que puedo salvarme... pero no puedo salvaros a todos...

aunque no es fácil...

corto y cierro...

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