miércoles y te escribo desde la caja, desde donde, después de una mañana intensa de postfacturación, me dispongo a seguir tirando del hilo de mis lecturas a ver que te cuento hoy...
así pues, tiro de ese hilo imaginario y hoy te cuento que cogí de la estantería el segundo tomo de la comedia humana de balzac, y que me leí la gran bretèche (fin de otro estudio de mujer) del que te hablé hará un par de meses... un relato largo, más que una novela corta...
-ah, señora -replicó el doctor-, en mi repertorio tengo historias terribles! pero cada relato tiene su hora apropiada en una conversación, según esta bella frase referida por chamford y dicha al duque de fronsac: «hay diez botellas de vino de champaña entre tu agudeza y el momento en que estamos».
balzac (la gran bretèche)
y el que habla es el doctor bianchon, y la conversación continúa con la conversación iniciada en otro estudio de mujer... y aunque por este principio, podría parecer que no, al final bianchon se dejará liar y contará una historia... la historia de una vieja casa de color pardo, cubierta por tejados muy elevados, a un centenar de pasos aproximadamente de vendôme, a las orillas del loira... casa cuyo abandono tenía intrigado al doctor, y cuya historia no te voy a contar, porque es una de esas historias de las que merece la pena no saber nada...
sí te diré que cada vez que me acuerdo del final me recorre un escalofrío; y me digo que jamás seré capaz de escribir como balzac... que es todo un maestro de este arte de contar historias...
y ahora voy a cortar y cerrar... que escribir por las tardes se me hace raro, y además, me tengo que ir ya para el despacho...
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