martes, que parece un sábado largo, y te escribo desde el despacho, en
un momento de respiro en esta mañana caótica en la que se me han
mezclado las tareas pendientes de ayer con las nuevas de hoy, y es ahora
cuando paro, respiro, y decido teclear mientras me buscan unos
códigos...
y es que ayer por fin dimos por terminado dos mil trece, y empezamos a
sentar las facturas del dos mil catorce... y te imaginarás que al
empezar a sentar facturas a día veinte, eran unas cuantas las facturas
acumuladas... y el ordenador hizo un par de cosas extrañas, así que hubo
que llamar al informático, que tuvo intervenido el ordenador una media
hora... y mientras yo okupé el del jefe, para ir haciendo otras cosas...
y claro, a las siete y media tenía tantas cosas a mitad, que decidí que
lo mejor era dejarlo todo tal cual estuviera y que hoy lo retomaría
como pudiera... y en ello estamos... casi, casi acabando...
el caso es que yo venía a contarte lo mucho que me gustó el libro que me regalaste por reyes: las chicas de campo de
edna o’brien (a la que antes de desayunar ya he añadido en mi pequeño
palacio de vocabulario), escritora irlandesa a la que conocí gracias a
uno de esos suplementos semanales dirigidos al público femenino que no
suelo leer, pero que ojeé un mediodía, en el que iba una entrevista a
esta autora con motivo de la publicación de este libro, escrito en los
años sesenta, traducido al castellano... y no sé porque anoté su nombre
exactamente, si fue por sus respuestas a las preguntas, o porque decían
que cuando el libro se publicó, el cura de su pueblo compró tres
ejemplares con el dinero del cepillo para quemarlos en la plaza, en
frente de la iglesia...
desperté sobresaltada y me incorporé de inmediato. únicamente me despierto de esa forma cuando algo me angustia; aun así en un primer momento no entendía porque tenía el corazón tan acelerado. entonces recordé. la razón de siempre: él no había vuelto a casa todavía.
edna o’brien (las chicas de campo)
y así es como empieza edna o’brien a contarnos esta historia... en la
voz de caithleen, en una mañana que le cambiará la vida sin remedio... y
es que ese día, además de conseguir una beca para seguir estudiando en
un convento, ocurrirá una desgracia... pero, mejor no te la cuento...
sí te contaré que es una historia preciosa, pero a la vez dura y
complicada... es una historia difícil, precisamente porque lo que te
cuenta y el como, quizás no deberían, pero están en armonía... quizás
porque caithleen es una niña que se cree mayor sin serlo... quizás
porque no puedes evitar pensar qué habría pasado si las cosas hubiesen
ocurrido de otro modo...
y caithleen, además de su historia, nos contará la historia de baba, su
mejor amiga (aunque a veces no lo parezca) y su familia (ese hacerse
mayor de su madre y esa decepción que intuímos en el padre), y de la
estancia de ambas en el convento de monjas del que serán expulsadas... y
su vida en dublín, en un cuartito alquilado a medias, en casa de un
matrimonio, cuanto menos extraño... y su relación con su padre (o quizás
su ausencia) y también su relación con el señor gentleman...
que me encantó... me encantó tanto que ya tengo localizados un par de
libros más de ella traducidos al castellano... pero aún no los he
pedido... aunque, sinceramente, no creo que tarde en pedirlos... la
obsesivo-compulsiva que vive en mí, me lo está pidiendo a gritos...
y ahora corto y cierro, que ya tengo los códigos que necesitaba...
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