y después del novelón de dostoyevski, me leí "una vida de pueblo" de louise glück... poemario que acaba de publicar la editorial pre-textos y que fue una de mis últimas compras antes de este arresto domiciliario sin cargos y de futuro incierto...
y me encantó, claro!... por eso me compro los libros de la glück apenas me entero de que la pre-textos los publica... porque se ha convertido en una de mis autoras favoritas...
además, ya sabes que siempre digo que hay momentos que piden poesía, y el sábado por la mañana después de leer el capítulo complementario de "los demonios" (la edición de alianza que tengo, tiene un capítulo de más, que no estaba en la edición original y que apareció entre los papeles que anna dostoyevskaia, la viuda del autor, entregó no me preguntés donde, porque mi memoria no da para tanto, pero me imagino que sería a una biblioteca... y que si bien el editor original no quiso incluir en la novela, ni cuando apareció por entregas, ni cuando más tarde se publicó entera, al parecer a dostoyevski le gustaba mucho...), en el que stavroguin le cuenta al monje lo de la niña; intuyendo además (porque ya se intuía) que el encierro lo iban a prolongar un par de semanas más (más la que todavía nos quedaba); y eso sumado a que a mí se me hace raro lo de no trabajar los sábados por las mañanas, y mucho más raro aún, lo de no ir a ver a la abuela por las tardes, pues necesitaba poesía... y de la buena...
y para que veas lo buena que es, te copio un poema, de esos que cuentan historias... porque me encantó, y porque es el que colgué ayer en mi pequeño palacio de vocabulario...
además, ya sabes que siempre digo que hay momentos que piden poesía, y el sábado por la mañana después de leer el capítulo complementario de "los demonios" (la edición de alianza que tengo, tiene un capítulo de más, que no estaba en la edición original y que apareció entre los papeles que anna dostoyevskaia, la viuda del autor, entregó no me preguntés donde, porque mi memoria no da para tanto, pero me imagino que sería a una biblioteca... y que si bien el editor original no quiso incluir en la novela, ni cuando apareció por entregas, ni cuando más tarde se publicó entera, al parecer a dostoyevski le gustaba mucho...), en el que stavroguin le cuenta al monje lo de la niña; intuyendo además (porque ya se intuía) que el encierro lo iban a prolongar un par de semanas más (más la que todavía nos quedaba); y eso sumado a que a mí se me hace raro lo de no trabajar los sábados por las mañanas, y mucho más raro aún, lo de no ir a ver a la abuela por las tardes, pues necesitaba poesía... y de la buena...
y para que veas lo buena que es, te copio un poema, de esos que cuentan historias... porque me encantó, y porque es el que colgué ayer en mi pequeño palacio de vocabulario...
Higos
Mi madre preparaba higos en vino,
escalfados con clavo, a veces unos pocos granos de pimienta.
Higos negros de nuestro árbol.
Y el vino era tinto, la pimienta dejaba un sabor a humo en el sirope.
Solía sentirme como si estuviera en otro país.
Antes de eso, había pollo.
De vez en cuando, en otoño, relleno de setas.
No siempre había tiempo para eso.
Y el clima debía ser el correcto, justo después de la lluvia.
De vez en cuando era sólo pollo con limón adentro.
Descorchaba el vino. Nada especial;
algo que le habían dado los vecinos.
Extraño ese vino -lo que ahora compraría no sabe tan bien.
Preparo estas cosas para mi esposo,
pero no le gustan.
Quiere los platos de su madre, pero no los preparo bien.
Cuando lo intento, me enfado.
Él trata de convertirme en una persona que nunca fui.
Cree que es cosa simple:
picas un pollo, arrojas algunos tomates en la sartén.
Ajo, si hay ajo.
Una hora después, estás en el paraíso.
Cree que mi trabajo es aprender, no su trabajo
enseñarme. No necesito aprender lo que mi madre cocinaba.
Mis manos ya sabían, bastaba oler el clavo
mientras hacía mis tareas.
Cuando fue mi turno, tenía razón, sí sabía.
La primera vez que los probé, volvió mi infancia.
Cuando éramos jóvenes, era diferente,
mi esposo y yo estábamos enamorados. Lo único que queríamos
era tocarnos.
Vuelve a casa, está cansado.
Todo es arduo, ganar dinero es arduo, ver cómo tu cuerpo cambia
es arduo. Puedes con estos problemas cuando eres joven,
algo es difícil por un rato, pero tienes confianza.
Si no funciona, harás algo distinto.
Lo que más le molesta es el verano -el sol lo saca de quicio.
Aquí es implacable, sientes como envejece el mundo.
La hierba se seca, los jardines se llenan de maleza y babosas.
Alguna vez fue para nosotros la mejor estación.
Las horas de luz cuando él llegaba a casa, luego del trabajo,
las convertíamos en horas de oscuridad.
Todo era un enorme secreto,
incluso las cosas que decíamos cada noche.
Y el sol descendía lentamente;
veíamos encenderse las luces de la ciudad.
La noches estaban lustrosas de estrellas, estrellas
que brillaban sobre los edificios altos.
A veces encendíamos una vela.
Pero la mayoría de las noches no. Pasábamos casi todas las noches a oscuras,
con nuestros brazos en torno al otro.
Pero estaba la sensación de que podías controlar la luz.
Era una cosa maravillosa; podías hacer que todo el cuarto
refulgiera de nuevo, o podías yacer en el aire nocturno,
escuchando los coches.
Nos callábamos luego de un rato. La noche se callaba.
Pero no dormíamos, no queríamos abandonar la conciencia.
Le habíamos dado permiso a la noche para que nos llevara;
yacíamos ahí, sin interferir. Hora tras hora, cada uno
escuchando la respiración del otro, viendo las luces cambiar
en la ventana al final de la cama;
pasara lo que pasara en esa ventana,
estábamos en armonía con ello.
lo malo que tienen los libros de poesía es que no duran demasiado (después de la semana que había pasado en el dostoyevski, la mañana con louise glück se me hizo corta...), y esa misma mañana me encontré dando vueltas por la casa (otra vez) buscando qué leer...
y aunque voy bien de reservas (llevo años comprando más libros de los que me puedo leer por si acaso... por si acaso qué, llevo toda la vida preguntándome a mí misma, y ahora he sabido porqué almacenaba libros... soy una visionaria, que dicen mis hermanas...), no quiero que se me agoten, y tres semanas con las tardes libres y los fines de semana de dos días como las personas normales dan para mucho, así que decidí releer (porque en marzo estaba tan descentrada que no releí nada...), "entre actos" de virginia woolf...
"entre actos" que es la última novela que escribió virginia, y que leonard (su marido) publicó póstumamente, y que nos cuenta precisamente los entre actos de una obra de teatro de aficionados... un día de verano y medio pueblo viendo al otro medio que representa una ambiciosa obra de teatro que pretende contar la historia de inglaterra llegando hasta el presente (con ese momento mágico e incómodo de los espejos reflejando al público), y en los entre actos de la obra los distintos personajes toman el té, piensan en sus cosas, buscan con la mirada a otras personas, y son conscientes de sus miedos y de sus sueños, y de las golondrinas que vuelven, pero hay quien creen que son las mismas y hay quien cree que no lo pueden ser...
una novela muy virginia, muy las olas... con esos retazos, y esa manera tan lírica de contar sin contar las cosas... esa manera de murmurar casi, los versos sueltos que van a apareciendo, y que son mi parte favorita (lo siguen siendo después de tantos años) de la novela...
y después de virginia, retomé (y acabé) el segundo tomo de las obras completas de colette, y me leí "nupcias" un relato corto en el que colette me contó el día de su boda...
y ahora me estoy leyendo "los embajadores" de henry james... y de momento estoy encantada...
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