no sé porque, pero hay días que parece que los versos se te enredan en el pelo mientras te lo cepillas frente al espejo... noches en las que el insomnio empapa tus sábanas y trozos de poemas dan vueltas alrededor de tu cama como si fuesen nanas extrañas... hay días que los versos te suben a los labios y te encuentras tarareándolos como si fuesen retazos de canciones del verano que te descubres recitando casi sin querer... quizás por aquello de que quisiera ser una canción que insiste en la memoria (que decía la rossetti)
decía colette que un verso no precisa ser siempre bello para adherirse a lo más profundo de nuestra memoria y ocupar en ella, malignamente, el espacio que invaden algunas melodías, en verdad abominables, pero también inexpugnables...
y me repito como un conjuro que no es noche esta para ahogarse (que decía la path)
que en la otra orilla de la noche el amor es posible (que decía la pizarnik)
que cuando la noche se aleja y la aurora se aproxima y tocamos el espacio- es la hora de peinarse- (que decía la dickinson)
que por una esperanza menos ganaré una canción (que decía la ajmatova)
que pretendo hablar, pero se rompe y llora esto que llevo adentro y no se calma (que decía la storni)
y los versos se me mezclan... se amontonan... salen desordenados... versos de otras que hoy me dan vueltas y susurro como si fueran partes de un conjuro para quitarme las penas de los martes laborables... versos que como trocitos de espejos rotos reflejan partes de mi alma que encontré leyendo poesías ajenas y se quedaron conmigo (enredadas en mi pelo)
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