locura transitoria (o lecturas de verano)

lunes (y de julio que es peor) que se me antoja un día extraño y complicado y eso que apenas ha empezado... porque en general los lunes son de por si complicados, pero los últimos lunes antes de las vacaciones parece que se hacen mas cuesta arriba que los demás... será que las fuerzas se nos van acabando, o que ya sólo podemos pensar en los días que faltan para poder descansar... el caso es que este lunes me he dormido y he llegado tarde a trabajar... tengo dos días de facturas encima de la mesa y un par de e-mails que responder (respuestas que copio pero que ni siquiera soy capaz de entender), así que abrumada ya a las nueve y media de la mañana he decidido (tras dos fallitos que denotaban falta de café) irme a desayunar un poco para ver si el cortadito y la magdalena me ayudaban a encarar esta semana con mejor humor... y al volver del desayuno... dos paquetes encima de mi mesa me han hecho sonreir ya antes de abrirlos...


y aunque los he pedido yo misma, admito que esto de recibir libros por correo es algo que me encanta... la falta de tiempo (y de ganas) me impide ir de librerías, así que internet me ayuda a seguir comprando sin tener que salir de casa, que con estos calores la verdad es que apetece poco, para que negarlo...


hubo un ritual que con el tiempo se fue perdiendo... de jovencita, unos días antes de las vacaciones (esos viajes en familia que poco a poco se fueron perdiendo, nadie sabe como) cogía mis ahorros (ahorrados precisamente con ese fin) y me iba a comprar libros para las vacaciones... libros de bolsillo, baratitos a ser posible, que me permitiesen estar abastecida durante los días que durase el viaje... y como decía, ese ritual que durante años precedió a las vacaciones, se fue perdiendo poco a poco... quizás porque desde que empecé a trabajar ya no necesitaba ahorrar para comprar libros... quizás porque simplemente tenía que decidir de entre los montones de pendientes cuales se venían de viaje y cuales no... el caso es que el ritual se perdió... cierto es que sigo conservando la manía de reservar algunos libros para las vacaciones... y cierto es también que cada verano (y cada navidad) me permito el capricho de comprar un libro "caro" de esos de tapas duras que sobrepasan lo que me suelo gastar en un libro, pero que cansada de buscarlos en bolsillo sin exito decido comprar en edición buena, rememorando un poco aquella manía de ir a comprar libros adrede para los días de vacaciones...


este año, aunque si bien no he ido de librerías he comprado unos cuantos libros para las vacaciones... esos que me esperaban encima de la mesa al volver del desayuno... un libro de cada autora de los que la woolf nombra en el principio de su cuarto propio... tres de la casa del llibre, otro muy antiguo, de esos que sólo con verlos ya huelen a viejo... y otro (en inglés, porque no fui capaz de encontrar nada traducido) que espero que me llegue un día de estos... así que como este año no creo que me vaya a ningún sitio, hay que ahorrar y soy de las que adoran la ciudad en agosto cuando se vacía y se queda silenciosa a la hora de la siesta, cuando ves calles vacías que normalmente están llenas de coches, y cuando algunas noches respiras esa soledad que casi se siente que tienen las ciudades en el mes de agosto y que parece suspendida fuera del tiempo de los relojes... he pensado que tiene razón la dickinson con aquello de que un libro es el mejor bajel... así que este año me iré de vacaciones a la inglaterra victoriana de la mano de virginia y de las mujeres que nombra...


locura transitoria?... puede ser... pero sonrío solo de mirar los libros, ya fuera de las cajas en que venían envueltos y amontonados en una de las esquinas de mi mesa del despacho... ahora solo falta solventar otro problemilla... donde colocarlos en casa... pero eso ya te lo cuento otro día...


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