y después de los versos a blok de marina tsvietáieva, me leí "el lugar" de annie ernaux, que empieza así:
"Hice los exámenes prácticos de aptitud pedagógica en un instituto de Lyon, por la zona de la Croix-Rousse. Un instituto nuevo, con plantas en la parte reservada a la administración y al cuerpo docente, y una biblioteca con el suelo enmoquetado de color arena. Allí esperé a que vinieran a buscarme para dar mi clase, objeto del examen, ante el inspector y dos asesores, profesores de letras muy reputados. Una mujer corregía exámenes resueltamente, sin dudar. Me bastaba con salir airosa la siguiente hora para poder hacer lo mismo que ella durante toda mi vida. Ante una clase de bachillerato de ciencias expliqué veinticinco líneas -había que numerarlas- de Papá Goriot, de Balzac."
dos meses después su padre moría... y eso es lo que cuenta la ernaux en esta novela... la muerte de su padre justo después de que ella consiguiera cambiar de clase social...
y dice annie ernaux:
"Mi madre solo cerró la tienda para el entierro. Si no, hubiera perdido clientes y no podía permitírselo. Mi padre muerto descansaba arriba mientras ella servía licores y vino tinto abajo. Lágrimas, silencio y dignidad, así es como hay que comportarse ante la muerte de un ser querido según la concepción elegante del mundo."
y curiosamente descubro que estoy más cerca de la madre de la ernaux que de la ernaux misma... creo que ya he contado que el mes que wne estuvo en el hospital trabajé todos los días, salía del hospital por la mañana, las noches que pasé allí, desayunaba, me cambiaba de ropa y bajaba a trabajar... trabajando estaba cuando murió, pensando, también es cierto, que un rato iría al hospital... y el funeral fue a medio día, nos dio tiempo de volver, tomarnos un café en el horno de la calle norte, y abrir a la hora...
el día que falleció mi abuela, mi padre me llamó para contármelo a las ocho de la mañana y a las nueve abrimos la persiana como si no hubiera pasado nada... sí que es verdad que al día siguiente cerramos, pero también es cierto que era treinta y uno de diciembre (mi abuela falleció el treinta de diciembre) y que aún así, yo esa mañana trabajé porque había que facturar y cerrar el año y aperturar el siguiente y todas esas cosas (por la tarde no, porque la pasamos en el tanatorio...)
cuando falleció mi abuelo (hace unos días hizo treinta y tres años) era semana santa, mi abuelo falleció sábado de gloria y el funeral y el entierro fueron el domingo de resurrección, así que la tienda no llegó a cerrar... yo tenía entonces quince años y recuerdo que pensé que mi abuelo había sido práctico y serio hasta para eso...
así que como digo, entiendo más a la madre de annie ernaux que a annie ernaux... lo que me plantería dudas en cuanto a mi clase social, sino tuviera claro (sobretodo desde que leo sobre el duelo) mi clase social...
el libro?... interesante, pero frío... annie ernaux me ha contado la muerte (y la vida) de su padre y yo (yo!) no he llorado... y mira que me gusta a mí llorar con los libros de duelo...
una maravilla, fría, pero maravilla...
y después del libro de la ernaux, retomé (y terminé) la "poesía completa" de alejandra pizarnik y me releí los "poemas no recogidos en libros"...
y siempre es una maravilla releer a la pizarnik, en la que encontré otra señal para seguir escribiendo lo que sea que estoy escribiendo cuando me dijo:
Escribes poemasporque necesitasun lugaren donde sea lo que no es
porque creo que es justo eso lo que estoy haciendo...
y me quedé también con este otro poema que dice:
en el amanecer venido de mis ojospájaros parados en el aire son a mis ojoslo que flores en la mano de un muertovoz dorada en el airecaída de un árbol abiertoy no es verdad que pediré socorro
porque tiene pájaros...
y también éste que dice:
el silencio es luzel canto sabio de la desdichaemana tiempo primitivobuscaba la piedra no el panun himno inocente no las maldicionesel conocimiento de mis nombrespara olvidarlos y olvidarmepero lo que no busqué es el exilioni tampoco me dije mentirasno adoré el solpero no esperé esta luz negraal filo del mediodía
porque me encantó...
una maravilla, siempre, releer a la pizarnik...
y después de terminar con la poesía completa de alejandra pizarnik (ya estoy pensando qué otra poesía completa empezar ahora, porque creo que ahora mismo tengo pocos tomos de poesías completas empezados) me leí "parte de la felicidad" de dolores gil... que empieza así:
"Un domingo de septiembre de 1992, el día antes de la primavera, la enredadera que cubría gran parte del jardín de la casa de Cucha Cucha se prendió fuego mientras mi padre hacía un asado. Yo tenía once años y no sabía nada sobre el dolor. Esa única chispa desencadenó un torbellino trágico, un abismo por donde se escurrió la vida tan como la conocía hasta el momento."
un accidente brutal, una desgracia, uno de esos momentos que parten la vida en dos, que la cambian, que la abisman y de los que no sé si te puedes llegar a recuperar.
ese domingo de septiembre, una serie de acontecimientos (el fuego, la rotura de un cristal al intentar apagarlo...) acabaron con la muerte de manuela, la hermana de seis años de dolores gil, que tenía en ese momento once años y que como ella misma dice, no sabía nada sobre el dolor...
al día siguiente su madre le pregunta si quiere ir al entierro, pero también le dice que si no tiene ganas, que una de sus amigas puede quedarse con ella... y dolores gil, después de intentar vestirse decide que prefiere no ir...
"Presenciar su entierro habría sido una manera más auténtica de rellenar el hiato: entre ver a mi hermana medio muerta y no verla nunca más, entre ese funeral al que no pude ir y por fin entender con mi cabeza de once años que en un minuto todo lo que conocía y tenía por bueno había desaparecido, debería haber sucedido algo. Un llanto dedicado. Un grito de angustia. Un ataque de nervios. Pero no hubo nada."
yo no quise verlo muerto... y casi cinco años después sigo sin saber si fue la decisión correcta...
en el libro, dolores gil, además de la muerte de su hermana pequeña, nos habla de su maternidad, de lo que le costó quedarse embarazada, de su deseo de ser madre, y del miedo... nos cuenta, por ejemplo, una visita a urgencias con su bebé de meses, y dice:
"Sentí que las cosas sucedían a una velocidad irreal, aumentada, como si ya no hubiera suelo firme que pisar; por primera vez, me di cuenta del desastre que había causado cuando decidí tener un hijo. Lo supe mortal, entendí que los hijos no pueden permanecer intocados por la vida. Esa iluminación me liquidó. No entiendo cómo hizo mi madre para seguir viviendo. Tenía dos hijas más, es cierto, pero Manuela era su preferida."
es algo en lo que he pensado mucho... ese miedo... me atrevería a decir que uno de los motivos (creo que el principal motivo) por los que decidí (le di muchísimas vueltas) no ser madre fue precisamente ese miedo... cómo lo hacéis (me pregunto siempre que estoy con una amiga o con mi hermana) para no sucumbir al miedo... cómo lo hacen las madres para no enloquecer de miedo ante esos seres tan dependientes y tan pequeños?...
también cuenta dolores gil que:
"A veces parece que deja de doler. Entonces algo mínimo la trae de vuelta: una canción, su nombre escuchado para llamar a otra niña en la calle, una cabellera enrulada que pasa por al lado. Y los sueños, esa sala de tormentos fabricada especialmente a mi medida. Durante veintiocho años, soñé que la abandonaba, que me la olvidaba, que la perdía en la multitud, que de repente volvía como si no hubiera pasado nada. Nunca la soñé ensangrentada: siempre una muerta-viva, una pequeña zombi congelada en sus seis años que pide más y más, como diciendo acá estuve siempre, por qué me dejaron? Acá estoy, acá en tu mente, acá me doy vuelta y te sonrío, acá me escapo corriendo, acá desobedezco a mamá y me arrojo a la muerte, acá jugamos a las muñecas juntas, acá te muestro mis rulos y mis ojos castaños, los mismos que tiene tu hijo, acá está mi carcajada, acá estoy enterrada, acá me recuperan, acá vuelvo, acá no pasó nada. Acá estoy, estoy acá."
y dice también dolores gil:
"Si no escribo este libro no puedo seguir viviendo. Me duele en el cuerpo: hace tres días me senté a terminarlo y el dolor me raja la cintura, los hombros. El cuello duro no me deja mirar a la derecha; tengo una piedra en el estómago que no puedo tragar; me duele el ceño, como si me hubieran pegado una piña que me dejó atontada. Pero si no escribo este libro no puedo seguir viviendo.
Escribir en vez de padecer, me dice mi analista."
escribir en vez de padecer, o para sacar de alguna manera lo que no puedes decir de otra manera...
y sonrío cuando leo que:
"Durante años, los domingos lindos de primavera me hundían en una sensación de desastre. Una luz determinada, el silencio al volver a casa en el auto de algún paseo, el aire un poco más caliente que de costumbre: signos que me agobiaban."
a mí me agobia abril en general... siento una sensación de ahogo y de recaída que vuelve cada año y cada año me sorprende (y cada año me sorprende que me sorprenda)
cuenta también dolores gil en el libro, que sufrió un aborto, perdió mucha sangre y estuvo a punto de morir, y:
"Cuando vuelvo a casa, repaso el episodio y tengo otra ilusión: Manuela se fue suavemente, como un sueño pesado, a un abismo que la llamó y que la consoló, donde solo hay tranquilidad, donde el cuerpo ya no existe. Llegué a un descubrimiento -tuve que poner el cuerpo, es verdad-, pero valió la pena. Ahora sé. Mi hermana no sufrió. Por primera vez en muchos años, junto las piezas del rompecabezas y siento alivio."
(y gracias a dolores gil, yo también siento alivio...)
y ya para terminar, al final de este precioso y maravilloso libro dice dolores gil:
"Me cuento esta historia para romper el silencio familiar. Si mi madre estuviera viva, sabría un poco más de Manuela? La recordaría mejor? Es probable.
Pero ella también se fue de este mundo -se fue con su hija, pero esa es otra historia- y clausuró esa posibilidad. Escribir este libro es la única reparación que puedo intentar con mi hermana.
Me gustaría poder decirle que pienso en ella cada día de mi vida, que su muerte me sigue pareciendo lo más estúpido y doloroso del universo. Que si ese domingo el ritmo de los acontecimientos hubiese sido un poco más lento, la vida habría sido mucho más amable. Que su ausencia es abrumadora, un descubrimiento intolerable cada mañana, cuando me despierto y me acuerdo de que ella no está en este mundo. Que si la olvidé un poco fue porque necesitaba seguir viviendo, que si no la recordé en voz alta fue porque no pude: que tuve que despegarme esa costra que me adhería a su muerte. Me gustaría decirle que yo necesito seguir acá, durando. Me gustaría pedirle que me perdone por haberla dejado ir, porque no supe qué otra cosa hacer. Que a pesar de todo, tuve que afianzarme en el corazón de la vida."
jodido pero realmente precioso, el libro de dolores gil...
y ahora me estoy leyendo mi regalo de sant jordi (porque mi hermana nonó (la pequeña) es un encanto y me mandó dos (sí, dos!) libros desde barcelona para celebrar el día del libro...), el de "así viví 1900" de pauline de pange... y de momento encantada...
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