jueves, 23 de abril de 2026

y antes de terminar "final de partida. diario a los setenta y nueve" de may sarton, me leí "el descenso" de william carlos williams, porque el sábado tenía una despedida de soltera y yo soy de las que se lleva un libro a una despedida de soltera... 

(en realidad, no... en realidad es que tenía que pillar un bus para ir y otro para volver, y si tengo que ir en autobús, prefiero llevar un libro en el bolso, porque me sé más o menos los trayectos, pero últimamente los tiempos de espera se han dilatado bastante en esta ciudad, porque no decirlo... de hecho me leí buena parte del libro de william carlos williams en los veinte minutos que estuve esperando que el bus llegara...)

el caso, que compré el libro de william carlos williams casi sin mirarlo... quiero decir, que es uno de esos libritos pequeñitos de poesía portátil que está sacando random house que homenajean aquella mítica colección de la mondadori que vendían en los kioskos a trescientas (o trescientas cincuenta) de las antiguas pesetas, cuando yo estaba estudiando primero de carrera (a mediados de los noventa del siglo pasado) y que son perfectos para llevarlos en el bolso... así que vi que acababan de sacar éste de william carlos williams y uno de marianne moore, y me los compré los dos, como digo, casi sin mirarlos...

no me di cuenta hasta que llegué a casa de que de marianne moore fue uno de los primeros libros que wne me regaló (el de poesía completa que me estoy releyendo poco a poco...) y de william carlos williams fue el último libro que me regaló... aquel "paterson" que jack le regalaba a della en el libro de la marilynne robinson que nos leímos a la vez, que fue mi segundo regalo de cumpleaños porque en el último cumpleaños que celebramos juntos, tuve regalo doble...

el caso que pensando estaba en esa curiosa casualidad cuando vi el título de la antología de william carlos williams: "el descenso"...

"el descenso", es curioso, pero es parte del título provisional que tienen los poemas que he escrito en el último año, y que había empezado a corregir unos días antes de mi visita a la librería, y que llevaba toda esa mañana pensando que debería descartar directamente, porque no sabía si tenía sentido corregirlos, ordenarlos e intentar hacer algo coherente con ellos o no... que estaba bastante desanimada (siempre me pasa, que recuerdo mis poemas mejores de lo que son en realidad... aunque también suelo recordar haber escrito bastante menos de lo que descubro que he ido escribiendo en realidad...) y pensando en si corregir o no lo escrito, y esa casualidad me hizo sonreír, la verdad...

así que de momento sigo corrigiendo lo escrito a ver qué sale, qué modifico y qué quito...

y hablando de señales (porque admito que para mí el título del poemario fue toda una señal) en la parada del autobús me encontré con esta cita (creo que alguna vez he contado que era de william carlos williams una de las últimas citas que le mandé a wne, el día que se fue a urgencias y se quedó ingresado, justo el sábado hizo cinco años...) que dice:


Escucha.
No te des la vuelta.
A lo largo de mi vida
aprendí mucho
dentro y fuera de los libros
sobre el amor:
no termina
con la muerte.

y sí, di un respingo... no puedo explicar exactamente porque más allá de lo obvio, ya que tendría que hablar de lo que estoy corrigiendo y no me gusta hablar de lo que estoy corrigiendo hasta que no está corregido del todo (ya sabes lo que decía katherine mansfield sobre contar lo que una está escribiendo...), pero sí diré que de momento esta cita está incluida en la parte del poemario que ando corrigiendo justo en este momento...

y además me encantó esta pequeña antología de william carlos williams, en la que además de este pedacito de poema he encontrado también un par de poemas para mi antología de pájaros...


y ya en casa de vuelta de la despedida de soltera, que estuvo muy bien, gracias... retomé "final de partida" el último diario de may sarton que ha publicado gallo nero, y me lo terminé también...

y dice may sarton en el prólogo de este diario:

"Siempre imaginé un diario que me llevara a recorrer los setenta y ocho años para, al final, enlazar con el inicio de mis ochenta. Imaginaba un diario filosófico que lidiara con alegrías y problemas, puertas que la vejez abría a las sorpresas y los esfuerzos inesperados, y aguardaba, para ese año, una cosecha muy fructífera.
Nunca sospeché que, en lugar de eso, tendría que luchar contra el dolor constante y la creciente fragilidad. Perdí más de veinte kilos, no podía hacer nada en el jardín y a principios de septiembre, el Día del Trabajo, tuve que dejar de escribir a máquina. Me convencí de que en un mes o dos me recuperaría, pero a finales de marzo no me quedó más remedio que asumir la posibilidad de que la mejoría nunca llegara. No parecía haber futuro para mí."

y este es el tono del diario... may tiene setenta y ocho años al principio del diario y está enferma... la pobre no se encuentra bien, depende mucho de sus amistades para hacer las cosas, y siendo como es ella, pues le cuesta... pero es un diario precioso, muy may sarton... porque incluso cuando se desespera es como es ella... no sé cómo explicarlo... que es un poco triste, pero muy bonito volver a leerla...

un placer, siempre, leer a esta mujer...


y después del último diario de la sarton me leí "mi alma y tú, minotauro" de andrea aranda, otra compañera de la editorial loto azul, que ha escrito un poemario precioso con el hilo de ariadna, mezclando al minotauro, a teseo, a ariadna y las cosas de la vida... y ya tengo poemas suyos en mi pequeño palacio de vocabulario, y en mis apuntes para una antología de poetas en castellano...

y como muestra este precioso poema, que dice:


Ojos de metal 

La infinita circunferencia metálica
encierra la finitud; al igual que los ojos
de quienes amamos,
un día dejarán de marcar la hora.
  
Honra ese preciso instante,
en que tu tiempo y el suyo
se sincronizan,
pues, aunque parece algo común,
es, en verdad, un acto divino.


un placer leer a andrea aranda...


y después del libro de andrea aranda, me leí "pequeñas labores" de rivka galchen, a la que conocí a principios de año con su novela "todo el mundo sabe que tu madre es una bruja" que me encantó y a la que estaba deseando volver a leer (éste de "pequeñas labores" me lo compré apenas terminé de leerme el de "todo el mundo sabe que tu madre es una bruja"...)

y "pequeñas labores" es un libro de autoficción sobre maternidad, pero también sobre lecturas, asociación de ideas y escritura...

capítulos cortos, autoras comunes, un estilo muy sencillo... que me ha encantado...

y como muestra, dos capítulos que me han gustado especialmente, el que dice:

"Un nuevo tipo de depresión

Es verdad eso que dicen, que un bebé te da un motivo para vivir. Pero, por otro lado, un bebé es un motivo por el que no está permitido morir. Hay días en los que esto no te hace sentir nada bien."

(creo que nunca lo he contado, pero la idea del suicidio me daba cierta tranquilidad... no era la única posibilidad, pero era una salida, una de las opciones, no sé cómo explicarlo, hasta el día en que niní (mi hermana la mediana) me dijo que estaba embarazada... ese día supe que ya no era una opción... no podía hacerle eso a mi hermana y a mi futuro sobrino... no podía condenarlo a tener una mamá triste... así que sí, asentí al leer este capítulo...)

y me gustó también mucho el que cuenta que:

"Cuando la bebé llegó a casa

La puse en la cuna y no lloró. Cómo es, que pregunté, que no está angustiada? Parece que dé por hecho que nosotros, por descontado, la querremos y cuidaremos. Se me hizo extrañísimo que lo diese por sentado. Me admiró su intrepidez."

que me ha encantado volver a leer a rivka galchen, y que ya tengo otro libro de ella localizado, que creo que me compraré en breve... porque me gusta tener lecturas a largo plazo...


y después del libro de rivka galchen retomé el libro de poemas de marina tsvietáieva, y me leí sus "versos a blok"...

versos que son una maravilla, como este poema que dice:

Tu nombre, un pájaro en mano.
Tu nombre, un témpano en la lengua,
un movimiento de los labios.
Tu nombre son cinco letras,
una palabra atrapada al vuelo,
un sonajero de plata en la boca.
  
Una piedra arrojada a un plácido estanque
que solloza al llamarte.
En el leve golpeteo de los cascos
resuena tu rumoroso nombre.
Y nos lo nombra en la sien
el sonoro chasquido del gatillo.
  
Tu nombre, ah, es innombrable!
Tu nombre, un beso en los ojos,
en la ternura helada de inmóviles párpados.
Tu nombre, un beso en la nieve,
un sorbo de agua pura, helada y azul.
Con tu nombre el sueño es profundo.

y como hace poco leí a blok, ha sido un placer leer los versos que la tsvietáieva le dedicó...



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