sobre los muchachos del zinc...

viernes (por fin!) y te escribo desde el despacho... y ayer por la tarde ya solucioné todos los problemas sucedidos en mi ausencia... y es que irse día y medio, al parecer merece una penitencia, y la mía fue pasarme la tarde revisando todo lo que me habían dejado encima de la mesa mientras no estaba... pero en fin, ya está todo controlado...

así que viernes y hoy quería contarte que me leí hace unos días los muchachos del zinc de svetlana alexiévich... 




1986, junio

no quiero volver a escribir sobre la guerra... no quiero vivir de nuevo inmersa en la «filosofía de la desesperación» en vez de en la «filosofía de la vida». recolectar la interminable experiencia de la no-existencia. cuando acabé la guerra no tiene rostro de mujer pasé mucho tiempo sin ser capaz de estar presente cuando, tras un pequeño golpe, a un niño le sangraba la nariz. en las vacaciones me tenía que alejar corriendo de los pescadores, que lanzaban alegremente sobre la arena a los peces extraídos de las profundidades; sus ojos saltones, petrificados, me daban nauseas. cada persona tiene una cantidad determinada de fuerzas para defenderse ante el dolor, sea físico o psicológico, y las mías estaban agotadas.

svetlana alexiévich (los muchachos del zinc)



yo, después de leerme la guerra no tiene rostro de mujer, también necesité un tiempo antes de leerme este libro de la alexiévich... porque hay libros que te afectan, libros que te duelen y te cambian la manera de mirar, y los libros de la alexiévich son de esos... libros que sufres y de los que no es fácil salir... 

y dice la alexiévich que "después de las grandes guerras del siglo XX y sus muertes masivas, la tarea de escribir sobre guerras modernas (más pequeñas), como la guerra afgana, requiere otra postura ética y metafísica. hay que reclamar un espacio para lo diminuto, lo personal y lo aislado. un solo hombre. único para alguien. el hombre no debe verse desde la perspectiva del estado, sino desde la perspectiva de quién es para su madre, para su mujer. para su hijo. cómo recuperar la perspectiva normal?"

y svetlana alexiévich encuentra la manera de reclamar ese espacio para lo diminuto, para lo personal y lo aislado... nos cuenta las historias de distintas personas (soldados, madres, padres, esposas, generales, empleadas...) en sus voces, y consigue esa perspectiva fuera del estado... esa perspectiva, o más bien perspectivas, de una guerra que devolvía a sus muchachos en cajas de zinc, y que no sólo no rindió honores a sus caídos, sino que en un momento dado, les dió de lado, y casi podríamos decir, que se avergonzó de ellos...

y te diría que el libro es una maravilla, pero no es esa la palabra justa... es más que maravilloso, es doloroso, brutal, esclarecedor, tierno, duro, obsceno... es un libro oscuro y luminoso al mismo tiempo... un libro de esos que te duelen pero que no puedes dejar de leer, porque la alexiévich consigue que tengas la sensación de que es tu obligación saber los horrores de la guerra... de esa guerra de afganistán de la que no sabía nada antes de este libro, y de la que aún no he conseguido volver del todo...

...

y en la última parte del libro se nos cuenta el juicio que hubo contra la alexiévich y su libro... y de esa parte te he copiado un trocito de la defensa que la autora hizo de sí misma y de su obra...




qué tengo que reivindicar? mi derecho como escritora a ver el mundo tal como lo veo. y a odiar la guerra. o es que tengo que explicarles que existe la verdad y la verosimilitud, que un documento de una obra artística no es un certificado de la oficina de reclutamiento ni un billete de tranvía? los libros que escribo son un documento y a la vez mi visión de los tiempos. yo recopilo los detalles, los sentimientos, no de una vida concreta, sino del aire del tiempo en su totalidad, de su espacio, de sus voces. no invento, no fantaseo, sino que construyo los libros a partir de la realidad misma. el documento es lo que me cuentan, el documento en parte, soy yo, la artista, con mi propia visión y percepción del mundo.

yo escribo, anoto la historia del momento, la historia en el transcurso del tiempo. las voces vivas, las vidas. antes de pasar a ser historia, todavía son el dolor de alguien, el grito, el sacrificio o el crimen. incontables veces me he hecho la pregunta: «cómo pasar entre el mal sin aumentarlo, sobre todo hoy en día, cuando el mal adopta unas dimensiones cósmicas?». antes de comenzar cada libro me lo pregunto. esto ya es mi carga. y mi destino.

svetlana alexiévich (los muchachos del zinc



corto y cierro... 


No hay comentarios:

Publicar un comentario