viernes (por fin!) y te escribo desde la caja... porque aunque se supone
que mi sitio es mi mesa del despacho, es mentira, ya que paso casi el
mismo tiempo aquí que allí... y aunque se suponía que eso iba a cambiar,
tendré que asumir que no... y resignarme...
viernes y hoy te contaré que me estuve leyendo luna nueva, poemario de margaret atwood, que me ha encantado...
y es que a estas alturas la verdad es que ya no sé cual es la atwood que
más me gusta, si la cuentista, la ensayista o la poet(is)a... porque
esta mujer me encanta en cualquiera de sus registros... solo le voy a
poner un pero, y es que eso de que su última novela no se vaya a
publicar hasta dentro de cien años, no me ha gustado nada... por aquello
de que dentro de cien años, me da a mí que no tendré el placer de poder
leerla, pero en fin...
un poemario lunero, con ese algo reivindicativo que tienen los poemas de
la atwood, del que te voy a copiar uno de los poemas que más me han
impactado... por que ya sabes que yo soy de esas, una de las tataranietas de las brujas que no pudieron quemar...
cosecha
los aldeanos han salido de casa por ti.
ya han tenido suficientes ungüentos
para conseguir amor: no quieren amor
este año. la cosecha ha sido corta, un viento malo
vino con las nieblas del otoño, y te buscan.
ya han quemado tu casa,
roto tu espejo
en el que solían entrever sobre sus hombros
la luna creciente y la cara
de quien deseaban,
hecho añicos la cama carbonizada
en busca de amuletos, destripado a tus gatos.
de noche caminas por los campos, te apartas
de las voces que susurran en el aire
alrededor de ti, entras en arroyos
para apagar tu olor,
o te arrastras por los cultivos para robar leche
y los nabos que comen los cerdos.
de día te escondes,
te cubres de tierra bajo los setos,
tu vestido se va poniendo del color de las cenizas.
ruegas lluvia que te salve.
a través de los troncos lisos y grises de árboles hay fragmentos
de abrigos, lana roja
de fajas, silbidos atizan a los perros,
les llevan hacia ti a través de hojas que caen
como nieve, como pestilencia.
de los hombres que estarán alrededor
del palo desnudo clavado en un hoyo,
haces de estacas y juncos secos apilados
cerca, el barro pegado a la suela de sus botas,
aprietan sus dedos para apartarte,
al tiempo que bromean sobre tus
pechos quemados y el calor
ávido que llegará, no hay nadie
que no haya recorrido sus manos por tu piel
a escondidas, tuya o de tu sombra,
nadie que no te haya montado
entre los surcos pidiendo más.
verás esto: el sol, por última vez.
el paisaje cubierto de árboles que se reúne
a tu alrededor; las praderas arruinadas.
el anillo oscuro de hombres cuyos nombres
sabes, y sus cuerpos
que recuerdas sin nombre, luminosos.
los niños en los bordes
del círculo, dando vueltas en el suelo,
los brazos arriba y extendidos, las bocas abiertas, juegan
a ser tú. a lo lejos, las señoras
en sus echarpes de flores
y sus faldas duras
y decorosas, corren desde sus casas
con cuencos de cobre agujereados
en las manos, como si ofrecieran comida
en una fiesta, traen los rescoldos.
margaret atwood (luna nueva)
una maravilla...
corto y cierro...
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