y es jueves y te escribo desde el despacho... con la caja por hacer y a punto de volver a abrir el correo electrónico...
jueves y hoy te contaré que hace unos días me estuve leyendo el salvoconducto de pasternak, novela que busqué porque victoria ocampo hablaba de ella en uno de sus testimonios...
y te diré que ya la dedicatoria: "a la memoria de rainer maria rilke", me encantó...
una calurosa mañana de verano del año 1900, un tren expreso sale de la estación kursk de moscú. justo antes de la partida, desde el andén se acerca a la ventana un hombre vestido con una capa tirolesa negra. le acompaña una mujer de elevada estatura
pasternak (el salvoconducto)
y ese hombre es rilke... pasternak lo sabrá años después, cuando
encuentre uno de sus libros en las estanterías de la casa de sus padres y
ese libro se convierta en uno de esos libros a los que volver, una y
otra vez...
y es que en esta novela autobiográfica, pasternak, mas que de su vida,
nos hablará de su vocación... una vocación que irá cambiando... primero
querrá ser músico, compositor, pero la ausencia de oído absoluto y la no
confesión por parte de un amigo de la familia, le hará abandonar esta
vocación, en pos de la filosofía... filosofía que abandonará tras un
desengaño amoroso... dos abandonos que no puedo menos que celebrar, ya
que gracias a ellos descubrió que quería ser poeta, y nos regaló su
inolvidable doctor zhivago... y sus no menos inolvidables versos...
la última parte de la novela está dedicada a mayakovski, al que conoció
cuando empezaba a ser reconocido en rusia, y nos contará su suicidio en
las últimas páginas...
pero sobretodo, este salvoconducto nos habla de la poesía, de leerla, de
volver a ella, de escribirla, sentirla, intentarla... de las dudas de
un joven poeta que ya ha dejado atrás dos vocaciones que creía
verdaderas, de las dudas ante cada nuevo poema...
y dice pasternak en mi momento favorito de esta novela:
me rodeaban cosas transformadas. algo no experimentado nunca se había deslizado en la esencia de la realidad. la mañana me conocía personalmente y parecía haber venido para estar conmigo y no abandonarme nunca.
pasternak (el salvoconducto)
y es que, te reirás, pero hay mañanas que parecen conocernos y haber venido para estar con nosotros...
una de esas veces en que la literatura nos cuenta cosas que sabemos pero que no sabemos decir... y ya sabes como me gusta cuando eso pasa...
y ahora, con tu permiso, voy a cortar y cerrar, que veo en la otra
ventana que tengo abierta en el ordenador que han ido llegando correos
mientras tecleaba, así que voy a ver si los abro, los imprimo y se los
entrego a quien corresponda, y después me pongo con la caja de ayer...
que la hora que es, ya toca...
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