jueves y te escribo desde el despacho... con la tranquilidad que da que
ayer me cundió la tarde y que estoy a puntito de dar por cerrado el mes
pasado... cierto es, que me faltan algunas facturas, pero ya irán
llegando... así que con la conciencia tranquila, una mañana mas, abro el
editor y decido rebuscarme las palabras para contarte algo...
y me rebusco las palabras, y hoy te contaré que me estuve leyendo hace unos días el amor de una mujer generosa,
libro de relatos de alice munro, que aunque me costó mucho encontrar,
mereció la pena buscarlo y pedir que me enviaran dos desde librerías que
gracias a internet, están al alcance de un par de clicks...
y digo que mereció la pena porque este libro contiene relatos que son tesoros, como el amor de una mujer generosa, o de como la confesión de una moribunda, puede que no aclare un misterio, pero sí unos sentimientos; yakarta, o una muerte que tal vez no fue; la isla de cortés,
o de como un trabajo en una biblioteca te puede salvar de la loca de tu
vecina y casi casera, y de lo que una puede descubrir en un álbum de
recortes; salvo el segador, o de como un juego se le puede ir a una de las manos y acabar en el lugar equivocado; las niñas se quedan, o el final inesperado de unas vacaciones; asquerosamente rica, o lo peligroso que puede ser ponerse el vestido de novia de otra; antes del cambio, o lo una hija descubre sobre su padre; y el sueño de mi madre, o de como todo empezó a ir bien después de todo...
ocho relatos que me encantaron, cosa poco sorprendente, ya que desde que descubrí (gracias a sus secretos a voces y a ti) a esta mujer, mi admiración por ella no ha dejado de crecer...
y antes de cortar y cerrar (porque aunque ayer me cundió mucho la tarde y
tengo el mes casi cerrado, lo que no tengo todavía son las
intracomunitarias; y aunque podría dejarlas para mañana, o incluso para
el lunes que viene, voy a ver si las termino hoy y se las mando al
gestor...) te voy a copiar un trocito de uno de los relatos...
otra cosa que hacía tras la cortina era leer. leía libros que cogía de la biblioteca de kitsilano, que se encontraba a unas manzanas de casa. y cuando estaba allí tendida boca arriba en aquel estado de asombro que me podía producir un libro, un vértigo generado por las riquezas de lo que digería, lo que veía en aquellas franjas. y no sólo los personajes y la trama, sino también el clima creado por el libro impregnaba las flores artificiales y fluía a lo largo del vino tinto y del verde lóbrego.
alice munro (la isla de cortés)
y ahora sí, corto y cierro... mañana, si puedo, vuelvo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario