sábado y te escribo desde el despacho... porque aunque los sábados no suelo escribir, he terminado lo que pretendía terminar hoy, y me encuentro con una hora y media por delante, en la que si bien es cierto que podría aprovechar para ir adelantando cosas (en este despacho siempre hay cosas que una puede adelantar), la verdad es que tengo sueño, estoy cansada, algo irritable, y no tengo ganas de trabajar (para qué lo voy a negar?...)
y es que estas semanas raras (y nos quedan dos de tres, lo que, la verdad es que me preocupa), en las que no sabes exactamente que día es, porque entre festivos y laborables, una acaba hecha un lío, cunden poco; pero yo ya me he resignado a que lo que no pueda hacer hoy lo haré mañana (o la siguiente semana), así que, como ves, aquí estoy una mañana más, rebuscándome las palabras...
me rebusco las palabras y hoy, siguiendo el hilo de mis lecturas, te contaré que hace unos días estuve releyendo hécuba, una de mis tragedias preferidas de eurípides...
hécuba - conducid, hijas mías, a esta anciana ante las tiendas. conducid y sostened, troyanas, a la que con vosotras es esclava, y antes reina. cogedme, llevadme, acompañadme, alzadme teniéndome de mis viejas manos. yo, valiéndome del retorcido cayado de mi mano, me afanaré en cumplir la marcha lenta de mis miembros. oh relámpago de zeus! oh noche oscura! por qué, en la noche, sobresaltada me veo por temores y apariciones? oh soberana tierra, madre de los ensueños de negras alas! aborrezco la nocturna visión -terrible, sí- que he percibido en sueños respecto a mi hijo, que a salvo vive en tracia, y a mi amada hija políxena.
eurípides (hécuba)
hécuba, reina de troya, que ha visto caer las murallas de la ciudad y morir a su marido y a casi todos sus hijos, y que está a punto de perder a los que le quedan... pues cassandra ha sido entregada a agamenón como esclava (y todos sabemos lo que les pasará a cassandra y a agamenón cuando lleguen a su casa) y ella ha tenido un sueño que le hace temer por la suerte de polidoro y de políxena... y hace bien... pues a políxena la van a sacrificar los griegos sobre la tumba de aquiles, antes de partir (como ya hicieron con ifigenía antes de partir para troya... dos novias para un guerrero que murió soltero), y por mucho que ella suplique a odiseo y a agamenón, no servirá de nada...
y por si esto fuera poco, la pobre hécuba, esclava que fue reina, encontrará a la orilla del mar, los restos de su hijo polidoro, al que creía a salvo en tracia, como ella misma dice, pero que fue asesinado apenas cayó troya, por quien debía protegerle, para robarle su oro...
y el oro será lo que hécuba utilizará para su venganza, porque si bien contra los griegos no puede nada como esclava que es, contra el rey de los tracios, podrá vengarse, ya que una cosa es sacrificar a una virgen en la tumba de un gran guerrero, y otra muy distinta, asesinar a un huesped, para robarle sus riquezas... y aunque a nosotros nos podrían parecer igual de condenables ambos crímenes, no hay que olvidar que estamos en grecia, y que las cosas eran como eran...
que me encantó releer esta tragedia (que como te decía, junto con las troyanasy medea, son mis tragedias favoritas de eurípides) y que ha sido un placer volver a grecia...
y antes de cortar y cerrar, me vas a permitir que te deje un pedacito del coro... y es que este resumen que las esclavas troyanas hacen de la caída de su ciudad, me parece perfecto...
(...) a media noche me vino la perdición, cuando, tras el festín, dulce sueño se extiende por mis ojos, y, cuando, tras los cánticos, acabando la fiesta que danzas provoca, mi esposo yacía en el tálamo nupcial, colgada la lanza de un clavo, sin divisar aún la turba marinera que sus pies pone en troya la de ilión. arreglaba yo mis trenzas con cintas anudadas, fijando mi mirada en los reflejos infinitos de altos áureos espejos, a fin de recostarme en mi lecho. mas un clamor llegó a la ciudad. esta orden extendíase por la ciudad de troya: «oh hijos de los helenos! cuándo, cuándo regresaréis a los hogares tras devastar la ciudadela de ilión?» dejando mi amado lecho con solo mi peplo cual doncella doria, aunque orara, triste de mí, a la augusta artemís, nada logré. conducida me veo, tras contemplar muerto a mi esposo, por el salado ponto, columbrando a lo lejos mi ciudad, cuando la nave agitó su pie de vuelta y me alejó de la tierra de ilión. desdichada de mí, sucumbí de aflicción.
eurípides (hécuba)
y ahora corto y cierro...
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