nuestro presidio se encontraba en la extremidad de la ciudadela a orillas de la muralla. cuando tratabamos de entrever el mundo a través de las rendijas de la empalizada, solamente divisábamos un jirón de cielo y un terraplen cubierto por altas hierbas, por donde paseaban día y noche los centinelas. y en seguida nos decíamos que los años transcurrirían y siempre veríamos, mirando por las rendijas de la empalizada, la misma muralla, los mismos centinelas y el mismo jirón de cielo, que no era el cielo de la ciudadela, sino otro, distinto del cielo más lejano, del cielo libre.
así empieza la primera parte de la casa de los muertos (o memorias de la casa muerta, depende de la traducción) de dostoyevski... el manuscrito de alexandr petróvich (porque dostoyevski recurre al recurso del manuscrito hallado) que nos cuenta sus años en siberia...
y ese otro cielo, que no era el mismo de la ciudadela, sino otro, distinto del cielo más lejano, del cielo libre, creo que fue lo que de verdad me atrapó desde el principio de la historia... la historia que sabemos que es la del propio dostoyevski... y la de muchos otros que por una razón o por otra acabaron en siberia en algún momento dado...
inolvidable cuando tras muchos años, el narrador consigue libros para leer y se pasa la noche leyendo hasta que amanece... maravillosa la obra de teatro que hace que los presos olviden la realidad por un momento...
algo increible...
No hay comentarios:
Publicar un comentario