la leyenda de una casa solariega


 
era un hermoso día de otoño a finales de la década de 1830. por aquel entonces había en uppsala una alta casa amarilla de dos pisos, que se erigía, extrañamente solitaria, en medio de un pequeño y muy apartado prado en las afueras de la ciudad. era una casa bastante fea e inhóspita, pero la embellecía la frondosa enredadera que reptaba por la parte soleada de la fachada ambarina, tan alto que enmarcaba las tres ventanas del piso superior.


así empieza selma lagerlöf a contar la leyenda de una casa solariega... que todo sea dicho, no es esta casa amarilla de dos pisos... no, en esa casa está hede... que en vez de estudiar está tocando el violín... hasta que un amigo le cuenta los problemas que hay en su casa solariega... esa casa que compró su abuelo y que debido al cierre de la mina corre peligro... así que su amigo se lleva su violín, pero hede no puede concentrarse en estudiar, y en esas está cuando escucha a un viejo ciego tocando un violín bajo su casa, así que hede baja y le pide al ciego su violín... y la nieta del ciego, que se llama ingrid y que tiene unos ojos preciosos se enamora de él... aunque sus caminos se separen y no vuelvan a cruzarse hasta años después...


y hasta aquí puedo leer... que me conozco y podría escapárseme el final... porque la lagerlöf nos cuenta un cuento, con lirios de sepulcro que resucitan y que viven en el saco de un loco, que hace reverencias a los animales por si fueran chivos disfrazados... y de una madre que recibe las visitas de la señora pena, y una mansión a la que no acudía ningún visitante, ni nadie se marchaba de allí. solo unas pocas de sus estancias eran mantenidas en orden: en las demás no entraba nunca nadie. nadie salía al jardín, ni cuidaba de él...


que ha sido un placer volver a leer a la lagerlöf... la primera mujer que ganó un nóbel... y que me ha encantado esta leyenda de una casa solariega...

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