culpa de proust (dos)

y no pudiendo contener todos mis sentimientos, me he puesto a escribirlos al final de ese senderito sombrío que tanto os gusta, sentada en ese asiento recubierto de musgo en el que a veces os he visto echada.












la cita es de una de las cartas que madame sévigné le escribió a su hija...







culpa de proust, porque después de buscar durante algunos días algún libro de anna de noailles, recordé que desde que leí por el camino de swann, y mira que hace años ya, llevaba anotadas en la agenda buscar las cartas de madame sévigné... y es que proust dijo que "a medida que leía, sentía aumentar mi admiración por madame sévigné"... y algo parecido me pasó a mí...







si tuviera que buscar una palabra creo que me quedaría con deliciosas... y eso que esa es una palabra que yo no suelo usar... las cartas de madame sévigné a su hija tienen algo especial... son maravillosas... y además nombran continuamente a mi adorada madame de la fayette (que va y resulta que eran amigas!) y en un momento dado la sévigné nombra incluso a dartagnan (el de verdad!)







que me han encantado estas preciosas cartas de una marquesa francesa del siglo diecisiete... y para muestra un botón:











me preguntáis, querida niña, si sigo amando tanto la vida. os confieso que encuentro en ella tristezas muy amargas; pero la muerte me repugna aún más: me encuentro tan desdichada cuando pienso que todo esto acabará en ella, que si pudiera volver atrás, lo haría con mucho gusto. me veo en un apuro: estoy embarcada en la vida sin mi consentimiento; tengo que salir de ella, lo que me abruma; y como saldré? por dónde? por qué puerta? cuándo será? en qué estado de ánimo? sufriré mil y mil dolores, que me harán morir desesperada? tendré un ataque cerebral? moriré de accidente? cómo estaré con dios? qué podré presentarle? el miedo, la necesidad, serán lo que me empuje a volver a él? no tendré ningún otro sentimiento que el miedo? qué puedo esperar? soy digna del paraiso? soy digna del infierno? qué dilema! qué aprieto! (...) me abismo en esos pensamientos, y encuentro la muerte tan terrible, que odio más la vida por conducirme a ella.

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