sobre el regreso según joseph conrad...

jueves y te escribo desde el despacho... con la caja por hacer y un albarán encima de la mesa, que si he de ser sincera me da mucha pereza meter, porque no sé porqué me da a mí que trae novedades, y aún no me ha hecho efecto el café, y necesito que el café me haga efecto para ponerme a crear códigos, porque si no me lío, y no es bueno que me líe cuando abro códigos nuevos...


jueves, y sigo con mi trancazo, aunque por suerte la migraña me está dando una tregua (sé que es una tregua porque sigue aquí... creo que adormilada por todas las pastillas que me he tomado desde que empezó... pero dispuesta a atacarme si me descuido...), y tengo un sueño que no es normal, teniendo en cuenta que anoche me porté bien y que cual cenicienta me fui a dormir al dar las doce...





en fin... jueves y yo venía a contarte que estuve leyendo el regreso... una novela corta (o un relato, que ya sabes que para estas cosas siempre hay opiniones) de joseph conrad...






el tren de cercanías procedente de la city surgió impetuoso del negro túnel, y con un fuerte chirriar de las ruedas se detuvo en la oscura y humeante estación de west end. se abrieron una tras otra las compuertas de los vagones, dando paso a una multitud de viajeros; bajo los sombreros de copa aparecían unos rostros más bien pálidos de personas sanas, que llevaban abrigos de tonos oscuros, y botas lustrosas. con las manos enguantadas sostenían delgados paraguas y los diarios de la tarde, doblados con apresuramiento, que parecían trapos apelmazados de un color entre blancuzco, rosa y verde. junto a los demás salió alvan hervey, con un puro medio apagado en la boca.

joseph conrad (el regreso)





y así es como empieza conrad a contarnos esta historia... con alvan hersey llegando a la estación de west end, camino de su casa... y al llegar a casa, el protagonista encontrará que su mujer no está, como acostumbra, y que además le ha dejado una nota en la que le abandona...






sentía aquel temor incisivo que parece, en mitad de un latido, convertir en cenizas el corazón.

joseph conrad (el regreso)





y entonces, en medio de las cavilaciones del protagonista, ella vuelve... y hasta aquí puedo leer...


 



ella era la encarnación de todos los breves instantes que cada hombre se reserva en la vida para soñar, para soñar sueños sublimes que plasman los más queridos y provechosos anhelos.

 joseph conrad (el regreso


 


una maravilla en tres actos... porque aunque sea una novela, tiene un no sé qué de drama en tres actos... que fue precisamente en los tiempos en los que me lo leí, en tres tiempos, aprovechando las pausas del texto para hacerme un café, y después un té, y al acabar el típico cigarrillo que una se fuma al terminar de leer un libro...


 


y ahora corto y cierro... que tengo que ir a casa un momento...


 

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