sobre cosas que no cambian ni en cien años...

viernes (por fin!) y por fin se ha acabado enero (que confieso que ha sido tan largo que en algún momento llegué a pensar que no se acabaría de acabar) y te escribo desde el despacho...


ayer facturamos, tengo la caja de ayer por hacer y esperando que me den las facturas de la facturación, para hacer la parte que me toca... aunque como es viernes, y los viernes apenas entra material, me imagino que será un día tranquilo, en el que me podré dedicar sin problemas a la postfacturación (que entre tú y yo, es la parte complicada de la facturación...)





ayer la tarde fue tranquila, y hasta tuve un rato para leer la prensa y enterarme de lo que está pasando... que últimamente admito que no veo muchos telediarios (a mediodía no enciendo la tele, y por la noche la suelo encender ya pasadas las diez de la noche...) porque telediario que veo, es un disgusto (o varios) que me llevo, así que prefiero no mirar (por aquello de ojos que no ven... ya sabes), pero tantos retazos de conversaciones durante los últimos días, y ese ratito de tranquilidad por la tarde, sin saber qué hacer (pues lo tenía todo hecho y ordenado), acabé leyéndome la prensa online... y mas que indignada, acabe triste, desesperanzada y creo que con carita de tonta...





cómo sabes, hace unos días estuve leyendo su excelencia eugene rougon de zola... otra de las novelas que componen su serie de los rougon-macquart, y curiosamente en este caso, zola trataba de un tema que justo ahora (mas de cien años después) está de actualidad... a saber: la corrupción de la clase política...


y es que zola nos cuenta la caida, el ascenso, la caida y el ascenso (seguramente momentaneo) de eugene rougon (aquel hijo del matrimonio rougon, que ya en la primera parte, esa fortuna de los rougon, apuntaba maneras dictándole a su madre por carta la actitud a adoptar frente las revueltas que llevarían al segundo imperio) y ahora lo encontramos ya convertido en ministro al servicio de napoleón tercero...






el presidente permanecía aún en pie, en medio del ligero alboroto que su entrada acababa de provocar. se sentó y, a media voz, dijo indiferente:

-se abre la sesión.

se puso entonces a ordenar los proyectos de ley que tenía ante él sobre la mesa. a su izquierda, un secretario miope, con la nariz pegada al papel, daba lectura al acta de la última sesión, en un rápido balbuceo al que ningún diputado prestaba atención. entre los murmullos de la sala, aquella lectura no llegaba más que a los oídos de los ujieres, que se mantenían muy dignos y correctos, frente a las descuidadas actitudes de los miembros de la cámara.

emile zola (su excelencia eugene rougon)





y así empieza la novela... con los diputados distraidos, que no prestan atención al dinero que se pide y que es concedido para diversas cosas, y que intrigan en voz baja... y es en esa sesión en la que asistimos a la primera caída de rougon que es destituido... pero tranquilos, que volverá cuando quiera... o al menos eso parece creer él...


y zola nos muestra los entresijos de aquel segundo imperio, enseñándonos a su clase política... nos muestra como los ascensos y las caidas, tienen mas que ver con las intrigas que con los méritos personales... nos muestra el mercadeo de favores... como el poder se reparte entre los amigos... como se regalan cargos y sueldos, y cruces y méritos, sin mirar mas que el quien es amigo de quien... y qué favores podrá devolver una vez en el poder...


(y en medio de todo este trapicheo, la pasión de eugene rougon por la misteriosa clorinde... una especie de cortesana que aspira a casarse bien... todo un personaje, que nos deja una de las perlas de la novela...)






-ya lo está viendo, querido amigo, se lo dije en muchas ocasiones, comete un error despreciando a las mujeres. no, las mujeres no son las simples bestias que usted cree. me sacaba de quicio, oír que nos trataba de locas, de muebles de estorbo, y qué sé yo cuantas otras cosas, incluso de lastre... fíjese bien en mi marido. he sido acaso un lastre para él?... yo, tenía especial interés en haceros ver todo eso. me había prometido a mí misma ese regalo, lo recuerda?, el día en que tuvimos una conversación sobre el particular. y ha visto lo ocurrido, no es así?, pues bien, sin rencor de ninguna clase... es muy fuerte, querido amigo. pero convénzase de una cosa: una mujer podrá siempre desbancarle, en cuanto se tome la molestia de intentarlo.

emile zola (su excelencia eugene rougon)





favores, corrupción, amigos que cobran por trabajos que no realizan, méritos que se regalan, hijos colocados sin ningún tipo de cualificación espécifica... y qué quieres que te diga... para mí, que es triste y curioso, que en ciento veintisiete años (que son los transcurridos desde que se publicó esta novela) la cosa en vez de mejorar, haya ido degenerando, y empeorando mas... ya que en la novela de zola, no hay cuentas millonarias en suiza, ni amnistias para que los defraudadores limpien su dinero negro por un módico precio... ni financiaciones ilegales... ni sobres con sobresueldos... ni columnistas fantasmas que cobran barbaridades por sus columnas... ni cierre de urgencias... ni recortes varios... ni casi seis millones de parados... ni nadie que le diga al pueblo que ha vivido por encima de sus posibilidades...


de hecho, en la novela de zola he observado algo curioso: el protagonista se ve obligado a dimitir (que al parecer es un verbo, y no un nombre ruso) de su cargo... sí... en serio... es ministro y dimite cuando tiene que hacerlo... así que algo se ha perdido en estos ciento veintisiete años... porque al parecer nuestra clase política ha olvidado como se declina el verbo dimitir, y que no es pecado mortal hacerlo...





y ahora corto y cierro...





pd. y dirás que soy mala, pero no puedo evitar sonreir cada vez que recuerdo el post de hoy de pilar v. en sus abalorios, e imagino a quienes descubrieron ayer que cobraban menos que el resto...


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